Sector 7

Jul 18, 2026

Hablemos de poesía

Por: José I. Delgado Bahena

Ahora he decidido hablar de poesía, pero no en general, sino en particular, para referirme a un poeta a quien admiro y estimo. Y lo hago porque reconozco que la literatura requiere de personas que tengan inquietudes diversas, que busquen caminos propios y diferentes que hagan que se renueve y proyecte otra sensibilidad a los lectores.

Es que, al hablar de literatura, pero sobre todo al referirme a la poesía, siempre caeremos en la tentación de la rima y la métrica, de los sonetos, de las estrofas, del ritmo “cantadito”, de las descripciones de paisajes y la abundante adjetivación en las descripciones.


Aunque claro, no digo que esté mal. Finalmente, cada quien está hecho a su manera y a sus circunstancias. Pero que no aceptemos el cambio que otros vislumbran y ofrecen interesantes propuestas, caemos en la negligencia de pensar que está mal lo que hacen.


Todo esto lo digo porque tengo en mis manos el libro de poesía de mi amigo Salvador Romero quien, con su espíritu aventurero, rebelde y atrevido, nos presenta un tipo de poesía que es muy difícil de etiquetar y hallarle origen.


“Días de Luto & Exaltación” es el título de este poemario del que les hablo. ¡Bendito Dios! Es algo que siempre les he estado pidiendo a los jóvenes que se me acercan pidiéndome un consejo y un punto de vista al poner en mis manos sus producciones literarias.


“Sé tú mismo”, les digo, “intérnate en tus emociones y extrae tu visión del mundo y de la vida desde tu interior…” Siempre les digo lo mismo: que es bueno que estén trabajando en la creación literaria; que tampoco es malo que lo intenten con rima, métrica y todas las formalidades que hemos seguido tradicionalmente; pero que es necesario que encuentren su propia voz, su estilo, su manera de decir las cosas.


Salvador lo hace en este poemario que, según él mismo nos ha contado, es producto de un taller que tomó recientemente, donde le ayudaron a dejar un poco, o mucho, quizá, del tipo de poesía que nos regaló en su anterior trabajo: “Siluetas como si te nombrara”.


Pero, bueno, hay que aclarar que la poesía de Salvador Romero ya tenía tiempo de venirse manifestando en constante evolución y búsqueda. Desde “Siluetas…” ya se vislumbraba el paso tan grande que estaba dando en la madurez de sus letras. Estaba en el camino, y no es que se haya apartado de él, sino que asentó su caminar; sus pasos, ahora, son más firmes y decididos.

En “Días de Luto…” manifiesta su coraje por la circunstancia propia y ajena de enfrentar ese momento no deseado, y esperado a la vez: la muerte.


Él muere con todos, inclusive con él mismo. Sabe que, como Gorostiza, la materia es la que se pudre, la esencia sobrevive; “el muerto de mi muerto se rebela”, parece decirnos en cada verso que cae en el fondo del alma como una losa muy pesada y como un cuchillo que rasga los silencios.

En su poesía, Salvador escudriña, como ante un espejo, sobre la turbulencia del corazón, y percibe que la vida y la muerte conviven en la oquedad del silencio.


En general, las dos partes del poemario se insertan una en la otra, porque la melancolía y el dolor de la separación persisten; jamás se ignora que, el huésped, algún día dejará de ser parásito del cuerpo que habita desde la matriz.


Exaltación por estos versos que no han brotado del intelecto, a pesar de que lo parece, al utilizar un lenguaje rebuscado; exaltación porque han brotado desde la raíz más profunda, donde anidan el temor, el silencio, la duda, el desconcierto… pero también la fe y la esperanza.


Exaltación por mi amigo Salvador Romero, el gran poeta, que hace vibrar con su poesía, con su sangre derramada sobre la hoja en blanco, y que inspira, y nos hace pensar en la plenitud de la soledad que nos rodea desde el nacimiento.


En otra ocasión hablaré de su libro, también de poesía, “Médium Escribiente”, también muy innovador. ¡Salud!


Mientras tanto, los invito a que este domingo 19 de julio, a las cinco de la tarde, nos acompañen en la Pérgola, en una Gala de Escritores, organizada por el CORAC.