«Entre un ciclo escolar y otro»

Por: Alejandra Salgado Romero

«Las oportunidades de aprendizaje durante el verano pueden evitar el rezago académico y, al mismo tiempo, desarrollar creatividad, colaboración y habilidades para resolver problemas»
Linda Darling-Hammond

Cada julio, cuando las escuelas cierran sus puertas para dar paso al receso escolar, miles de familias guerrerenses y, en México, comienzan una búsqueda que va mucho más allá de encontrar quién cuide a sus hijas e hijos durante las vacaciones. En realidad, buscan una oportunidad para que ese tiempo libre se convierta en una experiencia que deje huella, despierte talentos, fortalezca valores y construya recuerdos que perduren toda la vida.

El tiempo entre un ciclo escolar y otro representa una pausa necesaria después de meses de estudio, pero también son un espacio privilegiado para aprender desde otros escenarios. Porque educar no ocurre únicamente dentro de un salón de clases. También se aprende al pintar un mural, interpretar una pieza musical, sembrar un árbol, recorrer un museo, practicar un deporte, conocer un sitio histórico o convivir con personas que comparten intereses y sueños.

En México, de acuerdo con las proyecciones demográficas del Consejo Nacional de Población (CONAPO), millones de niñas, niños y adolescentes constituyen uno de los principales activos para el futuro del país. Al mismo tiempo, el incremento de madres y padres que participan activamente en la vida laboral, hace cada vez más necesaria la existencia de espacios seguros, formativos y de calidad durante los periodos vacacionales.

En Guerrero, según el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), -el instrumento estadístico oficial vigente para la distribución poblacional-, viven más de 3.5 millones de personas, mientras que Iguala de la Independencia concentra poco más de 154 mil habitantes, posicionándose como uno de los municipios con mayor dinamismo económico, comercial y educativo del estado. Detrás de esas cifras existen miles de niñas, niños y adolescentes que cada verano merecen oportunidades para crecer, descubrir nuevas capacidades y fortalecer su desarrollo integral.

Diversos estudios internacionales han demostrado que los programas de verano bien estructurados producen beneficios que van mucho más allá del entretenimiento. Investigaciones desarrolladas por la RAND Corporation, documentan mejoras en habilidades académicas, sociales y emocionales, particularmente cuando los programas integran actividades deportivas, artísticas, científicas y recreativas. De igual forma, la profesora Linda Darling-Hammond, investigadora de la Universidad de Stanford y una de las especialistas más reconocidas en innovación educativa, sostiene que los mejores aprendizajes ocurren cuando las personas participan activamente, resuelven problemas, colaboran y desarrollan proyectos significativos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) coincide con esta visión al reconocer que la educación no puede limitarse al sistema escolar, sino que debe entenderse como un proceso permanente en el que participan la familia, la comunidad, la cultura y el patrimonio de cada región. Y si existe un Estado que posee condiciones excepcionales para convertir el verano en una experiencia educativa, ese es Guerrero. Pocas entidades reúnen una riqueza histórica, artística, arqueológica, gastronómica, ambiental y cultural tan amplia como la nuestra. Aquí nació una parte fundamental de la historia de México. Aquí se consumó la Independencia con el Abrazo de Acatempan y la entrada del Ejército Trigarante en Iguala; aquí se elaboró el Plan de Iguala y se confeccionó por primera vez la Bandera Trigarante, antecedente directo de nuestro lábaro patrio. Somos tierra de heroínas y héroes, de pueblos originarios que preservan lenguas, saberes y tradiciones ancestrales, de extraordinarios artesanos, músicos, danzantes y cocineras tradicionales que mantienen viva una herencia cultural reconocida nacional e internacionalmente.

Pero para que esto ocurra, madres y padres también tenemos una responsabilidad. Antes de inscribir a nuestras hijas e hijos conviene revisar aspectos fundamentales. El primero, sin duda, es la seguridad. Las instalaciones deben cumplir con condiciones adecuadas, contar con protocolos de protección civil, personal capacitado para atender emergencias y mecanismos claros para el ingreso y salida de las y los participantes. El segundo elemento es la preparación de quienes estarán al frente de las actividades. Un buen curso de verano requiere instructores/as con experiencia en educación, deporte, cultura, arte o recreación, capaces de comprender las distintas etapas del desarrollo infantil y adolescente. También es indispensable que exista un verdadero proyecto formativo. Las mejores propuestas combinan ciencia, lectura, tecnología, actividad física, expresión artística, cuidado del medio ambiente y habilidades socioemocionales. No se trata únicamente de mantener ocupados a los/as participantes, sino de ofrecer experiencias que despierten la curiosidad, fortalezcan la creatividad y fomenten el trabajo colaborativo.

Otro aspecto que merece especial atención es el ambiente que se genera. Un curso de excelencia promueve la inclusión, el respeto, la igualdad entre niñas y niños, la resolución pacífica de conflictos y la construcción de amistades sanas. Porque educar también significa aprender a convivir. En tiempos donde con frecuencia se habla de violencia, polarización y pérdida del tejido social, estos espacios adquieren un enorme valor. Cada taller, cada actividad deportiva, cada lectura compartida o cada proyecto artístico representa una oportunidad para formar mejores ciudadanos/as, fortalecer la empatía y recuperar el sentido de comunidad. Cada vez existen más actividades dirigidas a personas adultas y adultas mayores, quienes encuentran en estos espacios oportunidades para mantenerse activas, fortalecer su memoria, ampliar su círculo social y compartir la enorme experiencia acumulada durante toda una vida.


Aprovechemos, entonces, este tiempo entre un ciclo escolar y otro. Hagámoslo pensando en las necesidades, intereses y talentos de cada integrante de la familia. Que este espacio sea mucho más que un descanso; que sean un encuentro con nuestra historia, nuestra cultura, nuestras raíces y con aquello que hace grande a Guerrero y a México.


Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo alejandra.salgado.esdafzk@gmail.com.