JTB, emblema de cultura y acción
Por: José Rodríguez Salgado
Un recuerdo afectuoso al educador Eduardo Maliachi y Velasco, ex Secretario de Educación en Guerrero
Las referencias sobre la vida y obra del doctor Jaime Torres Bodet, provocaron en algunos de mis lectores comentarios muy alentadores. Agradezco sus conceptos y los invito a continuar en este camino para que la memoria no se pierda y se conozcan las aportaciones de mexicanos que hicieron posible un crecimiento justo y digno. Por ejemplo, mi amigo el ingeniero Rubén Sánchez Rendón, me escribió unas líneas solicitándome de ser posible adicionara mayores datos sobre la personalidad polifacética de quien fuera Secretario de Educación Pública en dos ocasiones, en el sexenio del Gral. Manuel Ávila Camacho, en los cuarentas y en la gestión del Presidente Adolfo López Mateos (1959-1964).
Esta contribución pretende corresponder el interés de Sánchez Rendón y del resto de personas interesadas en el tema. Torres Bodet, fue escritor de pluma fértil y exquisita, influido por la lectura de sus contemporáneos André Gide, Jean Cocteau, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, que lo convocaron a internarse a ciertos vanguardismos literarios. Sus búsquedas estéticas y estilísticas se plasman tanto en su prosa como en su poesía y ensayos, su sensibilidad alcanza resonancias personalísimas.
Algunos estudiosos han puesto de relieve el surrealismo que alienta la obra del maestro. El poeta pretende encontrar un equilibrio personal, una senda entre lo tradicional y lo innovador sin renuncias al vuelo imaginativo más atrevido. Son valiosos los textos que integran sus Memorias, documento inapreciable por su musicalidad y contenido. Las inicia con: Tiempo de arena, seguidas de Años contra el tiempo, La victoria sin alas, El desierto internacional y La tierra prometida.
Su vocación docente siempre está sobre su piel, afirmaba en cuanta ocasión era necesaria que sin el maestro la continuidad del país no se mantendría. Efectivamente el profesorado es base insustituible de la estructura social de nuestra República. Reconocía que del maestro rural dependía en gran parte, la creación del futuro pueblo de México, la dignificación de las normales rurales era uno de nuestros mayores deberes. Entendía que se instruye con el saber, pero se educa con el ejemplo. Categórico aseveraba que construir el futuro era la mejor manera de honrar el pasado. Pedía entender que todo en la vida de nuestro pueblo era respuesta al desafío de su destino.
En el arte de convivir de los pueblos consideraba a la paz como el más noble de los combates. En todas las latitudes, en todos los climas, bajo todos los cielos, los hombres que escriben, piensan y enseñan, deben procurar hacer de la paz y la libertad algo dinámico y sustantivo. Es unánime el reconocimiento al leal saber y los innumerables méritos de don Jaime. Se considera su vasta cultura y su personalidad multiforme.
Diplomático de carrera escaló uno a uno todos los grados del Servicio Exterior Mexicano, desde la inicial posesión de Tercer Secretario que conquistó en exámenes sumamente lúcidos, hasta las encumbradas jerarquías de Embajador y de Secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de don Miguel Alemán Valdés.
Manejó los asuntos a su cargo con habilidad, eficacia, distinción, patriotismo y donde quiera que estuvo ganó respeto y admiración para México y su persona. En Relaciones Exteriores, entre 1947 y 1948 contó con la colaboración de ilustres mexicanos como Roberto Córdova, Luis Quintanilla, José María Ortiz Tirado, Pablo Campos Ortiz, Antonio Carrillo Flores, Eduardo Villaseñor, Gabriel Ramos Millán, José López Bermúdez, Ernesto Enríquez, Mario de la Cueva, Manuel Sánchez Cuén y Francisco A. Ursúa.
Con su brillante gestión diplomática Torres Bodet consiguió que resplandecieran las tesis tradicionales de la Política Exterior Mexicana. Para valorar sus servicios hay que leer la historia de la diplomacia mexicana y desprender del pensamiento del maestro su relieve extraordinario. Se justifica la insistencia de que la paz no es un ideal, es una necesidad inseparable de la existencia misma del hombre, es un elemento vital. La paz emana de la grandeza de alma del ser humano.
Deseamos que servidores públicos como Torres Bodet en todas las épocas construyan un futuro luminoso para el país. El pueblo lo merece.
Junio 10 de 2026.
