Servicios AINI
Londres, Inglaterra, Luego de la primera reunión de la FIA, los equipos de la Fórmula 1 y la categoría la semana pasada con el objetivo de encontrar soluciones ante los riesgos de seguridad del nuevo reglamento técnico 2026, así como intentar mejorar el espectáculo, los aficionados estaban entusiasmados en que se dieran modificaciones radicales antes del Gran Premio de Miami, pero desde la FIA han cortado esta posibilidad.
El nuevo reglamento, que divide la potencia de los monoplazas equitativamente entre el motor térmico y el sistema eléctrico, ha transformado las carreras en una compleja gestión de baterías donde el talento del piloto parece haber pasado a un segundo plano y generando opiniones diversas entre los pilotos y las escuderías. Ante el descontento generalizado y los recientes riesgos de seguridad, la FIA ha decidido aprovechar el parón forzado por la cancelación de las citas en Oriente Medio para buscar una forma de ajustar la normativa.
El problema principal radica en las drásticas diferencias de velocidad que se generan cuando un auto agota su energía, creando maniobras de adelantamiento artificiales y situaciones de alto riesgo. El aparatoso accidente entre el Haas conducido por el británico Oliver Bearman y el argentino Franco Colapinto en Japón encendió las alarmas definitivas para tratar de modificar la reglamentación y evitar que hubiera una diferencia de velocidad brutal en la pista.
Pero mientras algunos aspiraban a grandes cambios, Nikolas Tombazis, ingeniero jefe de la FIA, reconoció a Next-Gen Auto que, si bien el sistema no es un desastre total, requiere una intervención inmediata, pero dejó entrever que no habría una radicalización ya que las soluciones pasarían por el software y por los parámetros de gestión de energía.
“Creemos que el paciente no está en la UCI, sino que solo necesita comer unas cuantas manzanas al día, no someterse a una operación a corazón abierto”, explicó el directivo.
Tombazis admitió que la peligrosidad de las velocidades de aproximación no fue una sorpresa total para el organismo. “No sería correcto decir que era algo previsible, pero las velocidades de aproximación ya se habían identificado como un riesgo”, señaló el ingeniero.
