Médula

Mar 17, 2026

Las alianzas impensables y la aritmética del poder en Guerrero

Por: Jesús Lépez Ochoa

En política, las alianzas impensables son, con frecuencia, las más decisivas. La historia de Guerrero lo sabe mejor que nadie.


Corría el año 2005 cuando Zeferino Torreblanca acababa de ganar la gubernatura por el PRD y Manuel Añorve Baños gobernaba Acapulco por el PRI. Dos partidos distintos, dos historias personales cargadas de fricciones —años atrás habían llegado a los golpes— y sin embargo encontraron la forma de hacer equipo para aterrizar los recursos federales en las obras que el puerto necesitaba. La rivalidad no desapareció; simplemente cedió el paso a la conveniencia. La política es de circunstancias, y las circunstancias mandan más que los rencores.

Esa lección resuena hoy con fuerza en los pasillos del morenismo guerrerense, donde la pregunta que nadie termina de responder en voz alta es la misma que circula en radio pasillo desde hace semanas: ¿a dónde van a apuntar, en la encuesta interna de Morena, quienes han mencionado a Félix Salgado Macedonio como su candidato en todas las mediciones que se han realizado por fuera del partido?


EL VOTO HUÉRFANO MÁS CODICIADO DE GUERRERO


Félix Salgado no estará en la encuesta de Morena. Las reglas del VII Consejo Nacional lo excluyen formalmente por el candado que impide a familiares directos de gobernadores buscar sucederlas. Su hija Evelyn Salgado gobierna Guerrero. La puerta institucional está cerrada.


Pero su voto existe y tiene peso. Las encuestas telefónicas —las más confiables de las disponibles hasta ahora, en ausencia de estudios cara a cara— le asignan consistentemente entre 12 y 20 puntos porcentuales. Un bloque real, territorial, con identidad propia. Un bloque que no desaparece porque su dueño no aparezca en la boleta.


Y ese bloque tiene dueño. No se moverá solo. Se moverá cuando Félix diga, o no se moverá.


LO QUE EL PASILLO DICE Y NO DICE EN VOZ ALTA


En los círculos políticos guerrerenses se habla de dos tensiones específicas que complicarían el traslado natural de ese voto hacia las candidatas más visibles.


La primera involucra a Beatriz Mojica Morga. Se dice —y el pasillo lo repite con insistencia— que Félix no le perdona haber levantado la mano durante el proceso anterior, precisamente cuando él negociaba que su hija Evelyn fuera incluida en la encuesta emergente que se realizó tras el retiro de su candidatura. Un momento de alta tensión interna donde cada gesto contaba. Y Mojica, según esta versión, no estuvo de su lado.

La segunda tensión apunta hacia Abelina López Rodríguez. Los detalles son menos precisos en el rumor político, pero se habla de diferencias acumuladas entre ambos que tampoco harían sencilla una alianza natural.


Si ambas versiones son ciertas, el voto felixista quedaría sin destinatario obvio. Y ahí es exactamente donde la historia de Zeferino y Añorve cobra toda su vigencia: en Guerrero hay antecedentes probados de que los pleitos más encarnizados pueden terminar en acuerdos funcionales cuando el fin común es suficientemente grande.


LO QUE LA ARITMÉTICA DICE


Dejando los rencores de lado por un momento y entrando al terreno frío de los números, el valor del bloque felixista se puede estimar con razonable precisión.

De ese 12 a 20 por ciento que le asignan las encuestas telefónicas, no todo es transferible mecánicamente. Hay un voto duro —leal, territorial, que sigue instrucciones directas— que representa alrededor de 6 o 7 puntos. Hay un voto de simpatía con la izquierda guerrerense histórica, más independiente, que suma otros 5 o 6. Y hay un voto blando, de nombre reconocido pero sin lealtad estructural, que en una transferencia simplemente se dispersa o se abstiene. En el mejor escenario, quien reciba el endoso de Félix puede esperar sumar entre 9 y 11 puntos reales a su base propia.

¿QUÉ SIGNIFICA ESO CONCRETAMENTE PARA CADA ASPIRANTE?


BEATRIZ MOJICA parte de alrededor de 14 puntos en las encuestas telefónicas disponibles. Con el bloque felixista llegaría a un rango de 19 a 20 puntos. No es el salto más espectacular en términos relativos, pero Mojica ya es la segunda fuerza consolidada. Ese empuje adicional, en una encuesta interna genuina, la pondría en una posición muy difícil de remontar para cualquier rival. El problema, como se dijo, es que precisamente con ella las tensiones parecen más profundas y documentadas.


ABELINA LÓPEZ comienza desde más abajo, en torno a 8 puntos. Aquí el efecto del bloque felixista sería el más visible en términos relativos: podría saltar a 17 o 18 puntos, prácticamente duplicando su base. La coincidencia geográfica en Acapulco hace que ese traslado sea además el más orgánico, el que menos instrucción necesita porque las redes territoriales de ambos ya se superponen de manera natural. El obstáculo no es aritmético sino político: llegar a la candidatura con el respaldo del felixismo activa la narrativa de continuismo que sus adversarios tienen lista desde ahora.


GUADALUPE EGUILUZ es el caso más interesante y menos discutido. Con cuatro décadas de historia política compartida con Félix desde los años del PSUM, es su aliada más orgánica. No tiene base electoral propia significativa —las encuestas telefónicas apenas la registran— pero si Félix movilizara su red hacia ella, podría llegar a 12 o 13 puntos, suficiente para existir políticamente aunque no para ganar la candidatura. Su verdadero valor en este tablero no sería como candidata sino como bisagra: quien acumula votos propios más los del felixismo tiene algo concreto que ofrecer en una negociación. El escenario más probable no es que Eguiluz gane la encuesta, sino que entre con fuerza suficiente para luego negociar el traslado de ese bloque hacia quien mejores condiciones ofrezca.

ESTHELA DAMIÁN, finalmente, es el escenario donde el felixismo prácticamente no suma. No por aritmética sino por identidad: el voto de Félix es voto de izquierda guerrerense local, y Damián es percibida como la candidata del gobierno federal. Esos dos mundos difícilmente se mezclan, y el eventual endoso de Félix hacia ella resultaría además contraproducente para la propia imagen de la aspirante, que ya carga con la percepción de imposición desde el centro del país.


LA LECCIÓN QUE NO CADUCA


Decir que una alianza es imposible en Guerrero es, en sí mismo, un error histórico. Dos hombres que se golpearon terminaron haciendo equipo para obras que su ciudad necesitaba. La política guerrerense tiene una capacidad particular para procesar agravios cuando el fin común justifica el costo personal del acuerdo.


El bloque felixista vale entre 9 y 11 puntos reales en la encuesta que definirá quién va por la gubernatura. En un campo donde la diferencia entre el primero y el segundo puede ser de 5 o 6 puntos, eso es, sencillamente, la candidatura.
La pregunta no es si Félix perdonará. La pregunta es si alguien le ofrecerá las condiciones suficientes para que el perdón resulte conveniente. En política, la conveniencia casi siempre le gana al rencor.


Lo que sigue es negociación. Oficio político.