El escritor español analiza el papel de la ética en las redes sociales

Por: Agencias

En uno de sus últimos libros, “Ética de urgencia”, el también filósofo reflexiona sobre los derechos animales, la belleza, la religión y la felicidad. Las redes sociales e internet no es la excepción; el oriundo de San Sebastián responde al cuestionamiento de los jóvenes: “¿Qué piensa de las redes como Facebook, cómo pueden influir en nuestra ética?”.


Transcribimos para Diario 21 parte de su respuesta como una invitación a la lectura de este libro imprescindible en estos tiempos: ya para ejercer el debate o el diálogo de sobremesa acompañado de un buen café.


Fernando Savater*


Bueno, la moral funciona en muchos ámbitos distintos. Todo lo que aumenta nuestro poder, redimensiona nuestro campo moral. Por ejemplo, Aristóteles dedicó muchas páginas y grandes reflexiones a la ética, pero no hizo nunca una sola pregunta sobre biogenética, porque en su mundo no se sabía que era. La biogenética ha abierto muchas posibilidades y nos ha planteado problemas morales nuevos. Tenemos que reflexionar moralmente sobre nuestras responsabilidades.


El principal problema moral que plantea Internet es la veracidad. Decir la verdad o no se ha convertido en una cuestión más complicada que en el pasado. Ahora desde casa podemos hacer llegar mensajes falsos, erróneos, incluso nocivos, a conocidos y a desconocidos. Esta posibilidad es nueva, supone un nuevo reto moral, porque muchas veces es cuestión de darle o no a una tecla, y todo sucede en casa, sin que nadie nos vigile, sin que se nos pueda acusar, y sin tener que rendir cuentas a nadie. Nuestro poder ha aumentado, y si nos tomamos en serio la vida, también aumenta nuestra responsabilidad.

Precisamente, como el poder siempre conlleva responsabilidades, debemos exigirles mucho a las personas que lo ejercen y tienen autoridad. Ya que, en democracia, les hemos concedido el poder de hacer cosas que no podemos hacer los demás. Por eso nos indigna cuando una persona que ocupa un puesto destacado actúa de manera nefasta, porque está abusando de nuestra confianza.


Con Internet el poder de actuar impunemente se ha repartido, cada uno de nosotros puede hacer su ración de daño sin apenas sufrir las consecuencias. Las nuevas tecnologías nos permiten saber más, estar en más sitios, y dañar a más personas (aunque no de manera irreparable, por fortuna) que los príncipes de hace siglos. Internet supone un enorme desafío moral para todos sus usuarios.
*Fernando Savater, Ética de urgencia, Ariel, México, 2012, pp. 25- 26.