RESPIRAR POR LA BOCA NO ES NORMAL–DON CHIMINO

Por: J. David Flores Botello

RESPIRAR POR LA BOCA NO ES NORMAL.- Hay niños que siempre están con la boca abierta. Duermen así, comen así, juegan así. Y en muchas casas se escucha decir con naturalidad: “Así es él”, como si fuera una característica más de su personalidad. Pero no lo es. Respirar por la boca no es un hábito; es una señal. La respiración fisiológica, la correcta, es por la nariz. La nariz no está ahí solo para sostener los lentes o dar forma al rostro. Es un órgano diseñado para filtrar el aire, calentarlo, humedecerlo y limpiarlo antes de que llegue a los pulmones. Cuando el niño respira por la boca, pierde ese mecanismo natural de defensa. El aire entra frío, seco, con polvo y alérgenos, y eso favorece infecciones repetidas, inflamación y más obstrucción. En la infancia, las causas más frecuentes son adenoides aumentadas de tamaño, amígdalas grandes, alergias, rinitis persistente o congestión crónica. El niño no respira por la boca porque quiere, sino porque no puede hacerlo bien por la nariz. Cuando esta situación se prolonga, comienzan a notarse las consecuencias. Son niños que roncan por las noches, que duermen inquietos, que se mueven constantemente en la cama e incluso pueden hacer pequeñas pausas respiratorias. Y un niño que no duerme bien, no descansa bien. Al día siguiente puede mostrarse irritable, distraído, con bajo rendimiento escolar o parecer hiperactivo cuando en realidad está agotado. Pero no solo afecta el sueño. La respiración bucal crónica modifica el crecimiento facial. El rostro se alarga, el paladar se vuelve más estrecho, los dientes pueden encimarse y la mordida alterarse. No es un asunto estético; es desarrollo óseo, funcional y respiratorio. Por eso es importante observar. Si su hijo respira por la boca la mayor parte del día, si ronca todas las noches, si tiene voz nasal constante, si está “mormado”, si parece siempre congestionado, no lo normalice. Vale la pena valorarlo y buscar la causa. Un punto clave es la higiene nasal. El aseo diario con agua de mar estéril en spray ayuda mucho. Mantiene la mucosa hidratada, limpia secreciones, disminuye la carga de alérgenos y mejora la ventilación nasal. No es un medicamento milagroso; es higiene. Bien aplicado, que llegue a la faringe, que favorezca la permeabilidad. Así como enseñamos a los niños a lavarse las manos y cepillarse los dientes, también debemos enseñarles a cuidar su nariz. Muchos casos mejoran con tratamiento adecuado de la alergia y una rutina constante de limpieza nasal. Otros requerirán estudios más profundos y valoración especializada. Y algo importante: esto no es exclusivo de los niños. Muchos adultos respiran por la boca y lo han normalizado. Ya no tienen adenoides, pero pueden padecer alergias crónicas, desviación del tabique nasal, cornetes crecidos o pólipos que impiden una buena ventilación. Roncan, amanecen con la boca seca, se levantan cansados y arrastran su problema desde la infancia que nunca se corrigió. Respirar bien no es un lujo. Es parte esencial de la salud. Un niño que respira bien duerme mejor; un niño que duerme mejor aprende mejor; y un adulto que respira bien vive mejor. Si nota estas señales en su hijo —o en usted mismo— acuda a revisión. Detectar a tiempo hace la diferencia.

DON CHIMINO.- Era nuestro tercer y último día en el hotel Los Vientos en Güatulco, Guajaca. Esa tarde juimos al pueblo, visitamos el parque de La Crucesita, en el mero centro, frente a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y de la Santa Cruz, varias tiendas… y un local onde probé de varios mezcales y merqué café, mole y chocolate. Cuando entramos a la parroquia me impresionó la imagen de La Guadalupana pintada a todo lo largo del techo. Sentí que la Virgen me miraba, sea que me moviera pa´un lado o pa´ l´otro, sentía su mirada encima. No era una mirada de regaño… era como de ternura, de esa que sientes que te redites. Hasta sentí que se me aflojaron las canillas. Me quise hincar de dorrillas pero me medio tambalié y mejor me senté en una de las bancas de madera. Dende áhi miré a mi Púchun enlelada con la imagen. Caminó a lo largo del pasillo, sin dejar de mirar su imagen en el techo. Pensé que de tanto tar así se le iba a torcer el cuello de estirarlo tantitísimo, como si quisiera sentir más cercas su rostro con el de la virgencita. Llegó hasta el altar, hincándose de dorrillas, se persinó frente a la cruz que taba mero enfrente. Áhi ´stuvo unos minutos y a luego se jue a sentar conmigo, me garró de la mano y me dijo: –“ay Chimi, qué bonito viaje hicimos. Somos bendecidos por Dios y por la Virgen María. ¡Mira! ¡Qué bellos y brillantes colores se aprecian en la imagen! ¿No te parece que la virgen nos está mirando?”. ¡Ah caray!, pensé. Tonces no era por los mezcales que sentí lo mismo. Por un momento pensé que taba yo alucinando, pero nó. ¿O sería que mi Puchunga tambor se puso japi con tantos cocteles que tomó. Onde que le revolvió tequila, ron y vodka. Quién sabe qué ahiga sido pero tábamos muy contentos los dos. En el quiosco nos tomamos unas fotos, nos echamos unas nieves de coco, muy deliciosas, de doble bola y, onde tejen ropa artesanal, mercamos, yo una guayabera y ella un vestido. Quedamos que a las 6 y media regresaría el chofer por nosotros pa´regresarnos al hotel y yo, aprovechando que pasamos por la tienda de los mezcales, le pedí que se detuviera tantito y me bajé carrera a echarme otro y llevarme uno más p´al camino. Llegando al hotel nos llevaron en el carrito hasta nuestra habitación de súper lujo, dejamos las cosas y nos bajamos de nuevo al restaurán Lindavista. Áhi sí, solo tomamos jugo verde, agua y café nada de alcohol. Yo, como siempre, con harta hambre, pero, cené ligerito: salmón ahumado, coptel de camarones, ceviche de robalo. Unas tostadas de marlín a la mexicana con aguacate. Me serví un poco de paella de mariscos y de pulpo a las brasas. Ese sí era pulpo, taba blandita y jugosa su carne, no como el calamar que parece que ta uno masticando un cacho de suela de hule. Un poco de fruta, yugur con granola, un cacho de jaletina y no podía faltar, mis dos tazas de chocolate y chopiados, dos cuernitos de pan que son los que menos azúcar tienen. Terminando de cenar ya no quisimos regresarnos a pie. Nuestra habitación taba en la parte más lejos del hotel y si bien caminamos hasta allá los días anteriores, no podíamos perder tiempo, habría que ir a hacer maletas. La salida de nuestro avión era al dia siguiente a las 12.15h y teníamos que tar dos horas antes en el aeropuerto. Con mucho cuidado metí las pencas de nopal encima de mi ropa sucia. La bolsa onde iban metidos ya no taba aguañosa, ya no le salió más jugo y, pa no manchar la ropa, por si acaso, le puse otra bolsa nayla que nos dejaron pa´meter ropa y mandarla a la tintorería. Tambor entremetí a las orillas los cachos de rama que le corté a los arbolitos cercas de la alberca, envueltos en clínes. Sopesé la maleta, se sentía pesadita pero no pasaba de los 20 kilos. Pesaba un poco menos que la maleta de mi Púchun que no sé qué tantas cosas lleva cada que salimos de viaje. A otro día nos levantamos a las 7, nos bañamos, a las 8.30 h llegamos al restaurán El Mexicano, sería la última vez que comeríamos algo áhi pero esta vez, jue un poco a la carrera, asina que, a las 9 y media ya tábamos desesperados porque no llegaba por nosotros el amigo del tatsi que nos anduvo trayendo. Le llamé una y otra vez porque se hacía tarde, hasta que me dijo que le ´bía salido otro viaje, que no le iba a dar tiempo ir por nosotros, que nos iba a recomendar con otro amigo suyo, que lo dispensáramos. Y sí, nos llevó otro que nos dijo que no nos priocupáramos que no era necesario llegar dos horas antes, que sí nos daría tiempo. Lo bueno que el aeropuerto ta cercas, tardamos como 20 minutos. Llegando hicimos poca cola pa documentar las maletas, nos dijo la encargada que tábamos a tiempo, nos dio nuestros pases de abordar, nos dijo en qué sala y a qué hora íbamos a abordar. En ese aeropuerto, la parte pa documentar ta separada de los filtros de seguridá pa entrar a la zona de salas de espera. Cuando íbamos pa´allá, oyí en las bocinas que dijo una voz de mujer. –“Recuerde que está prohibido extraer, transportar y comercializar animales exóticos, plantas y especies protegidas. Es un delito federal y puede conllevar penas de cárcel”. Sentí como que me cayó un rayo encima, mi boca se puso seca. ¿Plantas? ¿Dijieron plantas? ¿Delito federal? ¿Cárcel? ¡En la madre! Cuando llegamos al filtro de revisión habría que vaciar las bolsas del pantalón, quitarse todo lo metálico, el celular, ponerlo todo en una charolita y luego en una barra transportadora pa´que pasaran por rayos X. Luego pasar uno por la máquina que le escanea a uno su cuerpo. Pasó primero mi Puchunga y no sonó la chicharra. Yo, temblaba, sabía que las maletas ya bían sido revisadas con sus aparatos sofisticados y seguramente deteptaron las pencas del nopal que llevaba en la maleta. Arriendaba yo a ver pa´un lado, p´al otro, me sentía vigilado. Pensé que de un momento a otro me iban a detener. Cuando me tocó mi turno de pasar por la máquina: ¡que pita!. –“¡Deténgase!” -Me dijo un guardia de seguridá –“Párese sobre las huellas de pie que están ahí” –dijo, señalando el piso. – “Abra sus brazos en cruz y no se mueva”. ¡En la madre!, pensé y… ándale, ora sí me la crolongué, áhi nos pa l´otra, graciotas.