Punctum temporis | Un punto en el tiempo

Por: Netza I. Albarrán Razo

El 26 de febrero de 1815, Napoleon Bonaparte escapó de su exilio en la isla de Elba, en el mar Mediterráneo, iniciando uno de los episodios más sorprendentes de la historia europea contemporánea. Apenas diez meses antes, tras su abdicación en abril de 1814, las potencias aliadas —Reino Unido, Rusia, Austria y Prusia— lo habían relegado a esa pequeña isla italiana, permitiéndole conservar el título de emperador y un reducido séquito.

Sin embargo, la restauración borbónica en Francia bajo Louis XVIII generó descontento en sectores del ejército y de la población. Aprovechando la vigilancia laxa y el clima político incierto, Napoleón zarpó de Elba con aproximadamente mil hombres y desembarcó el 1 de marzo de 1815 en la costa sur de Francia, cerca de Golfe-Juan.


En lugar de enfrentar resistencia inmediata, el exemperador avanzó hacia París en una marcha que se convirtió en una demostración de apoyo popular y militar. Diversos regimientos enviados para detenerlo se unieron a su causa. El 20 de marzo de 1815 entró en la capital sin disparar un solo tiro, mientras Luis XVIII huía al exilio. Comenzaba así el periodo conocido como los Cien Días, la breve restauración del Imperio napoleónico.


Las potencias europeas reaccionaron de inmediato, declarando a Napoleón fuera de la ley y organizando una nueva coalición militar. El episodio culminó el 18 de junio de 1815 con su derrota definitiva en la batalla de Waterloo frente a las fuerzas dirigidas por el duque de Wellington y el mariscal prusiano Blücher. Tras la derrota, Napoleón fue enviado a un exilio mucho más remoto y vigilado en la isla de Santa Elena, donde moriría en 1821.


El escape del 26 de febrero de 1815 permanece como un acontecimiento singular: un líder depuesto que, en cuestión de semanas, recuperó el poder en una de las principales potencias europeas, alterando nuevamente el equilibrio político del continente.