Carlos Martínez Loza


Iguala, Guerrero, Febrero 21.- Desdoblando las tardes y sus horas reposé mis ojos en Una introducción a la teoría literaria de Terry Eagleton. Mucho me ha hecho pensar y volver a pensar su idea sobre la literatura. Jubilosamente declara que la literatura tiene que ver más con la forma en cómo las personas ‘se relacionan’ con lo escrito que con un conjunto de cualidades o virtudes del texto. Consecuentemente, cualquier texto podría ser leído poéticamente: el instructivo de la licuadora, la información nutrimental grabada detrás del Bubulubu, el mapa del metro de Ciudad de México, el menú del café, la gaceta municipal o la letra de una canción de Bob Dylan.

En primer término, diré que descreo de esa afirmación pero acepto que goza de razones pragmáticamente persuasivas. Como dirían los lógicos, mi actitud frente a su posible verdad es de duda, opinión, ignorancia o, peor aún para mí, de error. Pero el error es una posibilidad de rectificar el camino. Todos recordarán que en 2016 la Academia Sueca galardonó con el Premio Nobel de Literatura al cantautor estadounidense Bob Dylan, su apuntalamiento argumentativo bien puede ser llamado un argumento ad poeticum, la Academia justificó su decisión de otorgar el Nobel de literatura a Dylan así: «por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”.

La idea de Terry Eagleton sobre la literatura fue validada por la Academia Sueca. Si el mapa del metro de Ciudad de México o el horario de los autobuses puede leerse en clave literaria, ¿con mayor razón y facilidad no lo haremos con la obra musical del bardo de Minnesota? Con aquel que escribió un verso muy cercano a la pluma del David bíblico: “Ella se acercó a mí con tanta gracia, Y tomó mi corona de espinas, Entra, ella dijo, te daré refugio de la tormenta.”

Ese solo verso vale un Premio Nobel de Literatura. Pero es en “Drifter’s Escape” (El escape del vagabundo), donde podemos ensayar, ya asumida la tesis de Terry Eagleton, las convergencias entre el derecho y la literatura. En el estilo narrativo de Dylan se nos presenta la historia de un vagabundo condenado kafkianamente en un Tribunal de Justicia: el condenado nunca supo lo que hizo mal ni de lo que se le acusaba. Implora justicia, ¡0h, ayúdame en mi debilidad!, pero ni el juez ni el jurado ni la multitud pueden ayudarlo. Al final, Dylan se vale del tópico de la justicia poética: un rayo poderoso cae sobre el Tribunal y todos se arrodillan para rezar ante el temor de la escena: el vagabundo aprovecha el desconcierto del juzgado y escapa.