Punctum temporis | Un punto en el tiempo

Por: Netza I. Albarrán Razo

El 20 de febrero de 1962, en plena carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el astronauta John Glennse convirtió en el primer estadounidense en orbitar la Tierra. A bordo de la cápsula Friendship 7, impulsada por un cohete Atlas desde Cabo Cañaveral, Glenn completó tres órbitas alrededor del planeta en una misión que duró cerca de cinco horas y marcó un hito decisivo para la exploración espacial norteamericana.

La misión formaba parte del programa Mercury de la NASA, cuyo objetivo era colocar a un ser humano en el espacio y estudiar las capacidades físicas y técnicas necesarias para vuelos tripulados más complejos. Aunque la Unión Soviética ya había logrado enviar al cosmonauta Yuri Gagarin al espacio en 1961, el vuelo de Glenn representó para Estados Unidos una recuperación simbólica y estratégica en la competencia tecnológica de la Guerra Fría.


Durante el trayecto surgieron momentos de tensión, particularmente cuando los sensores indicaron un posible fallo en el escudo térmico de la cápsula. La decisión de mantener el paquete de retrocohetes adherido durante la reentrada fue clave para asegurar la integridad del vehículo. Finalmente, la nave amerizó con éxito en el océano Atlántico, donde fue recuperada por fuerzas navales estadounidenses.


El vuelo de John Glenn no solo tuvo repercusiones científicas; también consolidó su figura como héroe nacional y fortaleció el apoyo público al programa espacial. Décadas más tarde, en 1998, Glenn volvería al espacio a los 77 años como parte de una misión del transbordador espacial, reafirmando su lugar en la historia de la exploración humana.


El 20 de febrero permanece como una fecha emblemática del siglo XX, cuando la conquista del espacio dejó de ser una aspiración teórica para convertirse en una experiencia tangible que redefinió los límites de la tecnología y la ambición humana.