SARAMPIÓN: INFORMARSE Y VACUNARSE-DON CHIMINO

Por: J. David Flores Botello

SARAMPIÓN: INFORMARSE Y VACUNARSE.- En estos días el sarampión volvió a ocupar espacios en la radio, en las redes sociales y en las conversaciones familiares. La palabra asusta, y con razón. No es una enfermedad nueva, pero sí es una enfermedad que no debe subestimarse. El sarampión es una enfermedad exantemática, es decir, produce ronchas en la piel. Empieza como si fuera un cuadro respiratorio común: fiebre alta, tos, escurrimiento nasal, ojos rojos. Puede confundirse con influenza, con COVID o con otros virus respiratorios. Cuando aparecen las manchas en la piel, el virus ya lleva varios días circulando en el organismo. Lo más delicado es que se puede contagiar desde cuatro días antes de que aparezca el exantema y hasta cuatro días después. Por eso se disemina con tanta facilidad. Es uno de los virus más contagiosos que conoce la medicina. Basta compartir el mismo aire en un espacio cerrado para que una persona no vacunada pueda enfermarse. Y aunque muchas veces evoluciona sin complicaciones, puede provocar neumonía, inflamación del cerebro y, en algunos casos, la muerte. En México, de cada diez mil personas que han enfermado recientemente, han fallecido alrededor de 28 a 30. No son números fríos: son vidas. La buena noticia es clara y contundente: la vacuna salva vidas. La estrategia actual busca algo muy sencillo: que nadie quede sin protección. Cada persona que se enferma se convierte en un eslabón de transmisión. Si cortamos la cadena vacunándonos, el virus deja de circular. En este momento el esquema es el siguiente: en situaciones de riesgo o brote, como sucede actualmente en nuestro país, puede aplicarse una dosis 0 a niñas y niños de 6 a 11 meses. Se llama así porque no cuenta como parte del esquema definitivo; es una dosis temprana de protección. La primera dosis formal se aplica al año de edad. La segunda dosis se aplica seis meses después de la primera. Antes se aplicaba hasta los seis años; hoy la protección se completa mucho antes para evitar ventanas de vulnerabilidad. Además, se recomienda revisar el esquema en personas menores de 49 años. Muchos adultos jóvenes no recuerdan si recibieron las dos dosis. Si el esquema está incompleto, es momento de actualizarlo. El sarampión no requiere antibióticos. Es una enfermedad viral. El tratamiento es de soporte, vigilancia y atención oportuna ante signos de alarma. Lo verdaderamente importante es prevenir. En Iguala, desde el 13 al 27 de febrero de 2026 habrá un puesto de vacunación en la Feria de la Bandera, de lunes a viernes, de 4 de la tarde a 8 de la noche, en coordinación con la Secretaría de Salud a través de la Jurisdicción Sanitaria, IMSS-Bienestar, IMSS ordinario, ISSSTE, el Ayuntamiento Municipal y Servicios Nacionales de Salud. Además, todos los centros de salud están aplicando la vacuna, incluso con jornadas extendidas y fines de semana. Vacunarse no es un acto individual; es un acto de responsabilidad colectiva. Cuando una madre protege a su hijo, también protege al niño que vive en la casa vecina, al recién nacido que aún no puede vacunarse y al adulto mayor con defensas bajas. El sarampión no se combate con miedo. Se combate con información y con vacunación. Hoy más que nunca, actualizar el esquema es una decisión inteligente. La vacuna es segura, eficaz y gratuita. Si todos hacemos lo que nos corresponde, el virus pierde terreno. La historia ya lo demostró: cuando la cobertura de vacunación es alta, el sarampión desaparece. Cuando bajamos la guardia, regresa. No es momento de pánico. Es momento de acción.

DON CHIMINO.- Esa mañana del tercer día que pasamos en el hotel Los Vientos, en Güatulco, mi Púchun se sosprendió de verme entrar con una bolsa naila negra. –“¿Qué traes ahí Chimi? ¿A dónde fuiste?” Me preguntó. Las mentadas pencas taban pesadas, al menos tres kilos juntas y medían casi medio metro cad´una. Las iba yo cargando como quien lleva un pastel en las manos, con los codos doblados, pegados al cuerpo, los brazos estirados pa´delante y las manos abiertas, cuidando que no se me resbalaran, eran como un regalo de la naturaleza y nomás de pensar que iba yo a tener un nopal de esos en mi cantón me llenaba de alegría. Le conté como conseguí las pencas y con mucho cuidado los puse sobre el piso, casi pegado a la pader, acostaditas, asina como las llevaba. Me jui a lavar las manos pa´poner el café en una cafetera epstraña. Ya la mañana anterior la estuvimos probando. Era una cafetera rara y las letras onde decía cómo hacerla juncionar taban bien chiquitas y borrosas. Por la parte del frente tenía una como parrillita pa poner la taza pa´ cachar el café que escurre por la boquilla de arriba, por atrás, un tazón de vigrio pa echar l´agua. En un principio jue un cuete poder sacar el mentado vaso ese. Mi Puchunga, siempre atenta, se acercó a auxiliarme. Yo le hacía con miedo no juera a romperlo y cajiarme en ese hotel de lujo. Después de varios intentos aprendimos que se jala p´atrás y p´arriba, se le echa agua y luego se embona otra vez hasta que hace “clic”. En lugar de bolsitas con café taban dos como cácsulas en forma de conchita, derronditas, duras, selladas, con el café adentro. Una descafeinada y otra normal que jue la que ocupamos. Dentro de la cafetera tenía una parte onde se miraba que áhi iba la cácsula. Con trabajos le pude quitar la parte de arriba a la cácsula, taba algo dura. Le metí la punta de unas tijeritas que usa mi Púchun pa´cortarse las uñas. Le hice con tanta juerza que al abrirla se regó una parte sobre el mueble onde taba la cafetera, tambor en el piso y mis dedos se embarraron. Con mucho cuidado acomodé la cácsula en la parte que se veía que áhi mero iba, y jalé una palanca que hizo que la cácsula se metiera pa´dentro, como si se la tragara. Le prendí el botón de encendido, empezó a hacer ruido, a rezumbar y a resoplar. Me quedé mirando a la taza. En unos segundos empezó a gotiar… pero no salió café bonito y escuro, no. Salió una agüita color casi a agua de calcetín remojado, descolorida. Como ya taba por tirarse lo que cáiba en la taza, le tuve que apagar pa que no se redamara. Probé el mentado café y era la vil agua, nada de sabor a café. Dende que vió el regadero del café en polvo que hice, mi Púchun se reía divertida y más al ver mi cara de frustración porque solo salió agua caliente. Tratando de ver qué no hice bien, regresé a su lugar la palanca que ´bía jalado pa´ ver nuevamente la cácsula onde la bía yo dejado, pero ya no se miraba, se quedó atorada adentro. Por más que metí mis dedos en el agujero pa tratar de sacarla no pude. Le pedí a mi Puchun que, de sus herranientas de belleza, me prestara algo pa´sacarla. Me prestó su pinza de depilar cejas pero, no pude. –“A ver, déjame intentar a mí, yo tengo los dedos más delgados y quizá logre sacarla”. Y sí, la pudo garrar de un borde pero, mero cuando ya casi la sacaba, se le chispó y se metió más pa´dentro. Lejos de priocuparse, le garró un ataque de risa. A la mejor por ver mi cara de pensar que nos iban a querer cobrar las Perlas de la Virgen. Tuvimos que meniar un mueble pesado onde taba la cafetera pa´desconeptar el clable de la corriente y poder voltiar la cafetera boca abajo pa´ver si sacudiéndola podíamos sacar la mentada cácsula rota. Mientras yo le sostenía la cafetera casi a la altura de su cabeza, ella intentaba sacarla, una y otra vez, ¡hasta que por fin! ¡La sacó!. Suspiré aliviado mientras ella estalló en carcajadas. Limpiamos todo el cochinero que hicimos al voltiar la caferera, usando las toallas que nos dejaron pa´ secarnos las manos. Por más que las enjagüé en el lavabo quedaron medias nejas. A otro día por la mañana, intentamos poner la cafetera nuevamente, solo que, esta vez no abrimos la cácsula, la metimos tal cual pero, sucedió lo mismo. Solo que ya teníamos etsperiencia, la desconepté de nuez, hicimos la misma maniobra y mejor la dejamos por la paz. Nos íbamos a meter a bañar cuando me dijo mi Púchun que, onde ´bía dejado la bolsa con las pencas taba como un charco de agua. Jui a ver y me di cuenta que la bolsa taba rota. “¿Y ora? ¿Cómo nos las vamos a llevar pa´Iguala? Se va a manchar la ropa en la maleta. Ella, abrío el clóset, sacó una bolsa que dejaron pa echar ropa sucia pa´la lavandería y me la dio. Con cuidado metí las pencas que les salía una especie de babita un poco pegajosa. Cerré muy bien la bolsa y la puse en el piso del clóset. Con la mismas toallas sequé lo escurrido en el piso. Ya que quedó todo limpio, nos metimos a bañar y luego nos bajamos al restaurante El Mexicano que nos quedaba cercas, caminando por la vereda empiedrada y bajando unas escaleras. Otra vez desayunamos hasta hartarnos pues el bufete tenía rete harta comida. Como era domingo, me eché mi menudo. Probé carne asada, arrachera jugosita, cecina, pescado, carne de puerco en chile guajillo, frijoles puercos, otvio mis güevos estrellados con tocino tronador, unas tiras de jamón serrano, aceitunas, yugur, frutas de varias, jaletina, verduritas pa´la digestión y no podía faltar dos tazas de chocolate con pan chopiado y… ándales, ya me rete colgué, áhi nos pa´ l´otra, graciotas.