Por: Álvaro Venegas Sánchez
George Orwell autor de REBELIÓN EN LA GRANJA, definió su relato como una fábula. Lo es en cuanto que representa sus ideas con animales para criticar al régimen de Iósif Stalin por corromper el socialismo y llevarlo al autoritarismo. Pasa por destacar el despertar de la conciencia de clase de los animales. Entienden que son piezas importantes en el engranaje del sistema y con esos elementos terminan rebelándose a la opresión e injusticias en la granja donde son expoliados, mediante la organización para lograr un cambio que beneficie a todos por igual.
Leer las 164 páginas en la publicación que hizo Editorial Porrúa en julio de 2024, es relajante para alguien con interés de conocer por qué el escritor británico George Orwel, de orientación socialista y democrática, refiere de manera mordaz no la humanización animal ante la deshumanización de la humanidad sino la conducción de la construcción del Estado socialista de parte de Stalin quien, después de la muerte de Vladimir Lenin, asumió el liderazgo soviético.
El escenario es el granero principal de Jones, dueño de la granja. Reunido el conjunto de animales que allí vivían: caballos, burros, cerdos, gallinas, perros, ovejas, palomas, patos, gatos, un cuervo. Todos atentos para escuchar al Viejo Mayor, un cerdo verraco altamente estimado por ellos, quien platicaría de un extraño sueño que había tenido. Empero, seguro de la confianza y el interés por su charla, dejó el tema del sueño para otro momento y empezó hablándoles de la triste, fatigosa y corta vida que llevaban sin conocer nunca la libertad y el significado de la felicidad: “porque los seres humanos se quedan con todo el fruto de nuestro trabajo, esa es la respuesta a nuestros problemas”. “El hombre es el único enemigo real que tenemos”.
Charla y atención formidables continuaron: “el hombre es el dueño y señor de todos los animales, los hace trabajar, les da el mínimo necesario para mantenerlos y lo demás lo guarda para él; es el único ser que consume sin producir. No da leche, no pone huevos, es demasiado débil para tirar el arado y su velocidad no le permite siquiera atrapar conejos. Hagan desaparecer al hombre y nuestra hambre y exceso de trabajo será abolida para siempre”.
A la toma de conciencia siguió la organización con tareas para cada quien. Observaron siete mandamientos, aprendieron y corearon Bestias de Inglaterra como himno de guerra y una consigna los unificó: “Cuatro patas sí dos patas no”. Comenzó la rebelión deshaciéndose de la presencia de Jones y organizando la producción y administración de la granja ellos mismos en libertad, pero con compromiso y sentido de pertenencia. El resultado fue de mejora en alimentación, descanso, y una vida decorosa para todos a pesar del acecho y acoso de los humanos, vecinos granjeros que no aceptaban el éxito animal y menos que el ejemplo cundiera en los animales bajo sus dominios.
Pero no hay mal que por bien no venga. El líder de la granja fue objeto de intrigas persistentes y, finalmente, expulsado. La confusión envolvió el ambiente. Al relevo del liderazgo empezaron prácticas de privilegios a escondidas. La violación de reglas antes respetadas los incondicionales las justificaban acomodando la información para que los demás comprendieran y aceptaran la nueva situación. Situación que, para sostenerla, convirtieron a los perros en guardianes llegando a la represión y al asesinato de compañeros animales para escarmentar y someter. La vida volvió a ser similar y peor que cuando dominaban los humanos y la granja dependía del señor Jones, el amo.
Para entender mejor el mensaje de REBELIÓN EN LA GRANJA y dimensionar el impacto que habría tenido en 1945 cuando fue publicada por primera vez, habría que leer el prólogo que el propio Orwell escribió con el título La libertad de prensa. Ahí comenta que el libro lo concibió por el año 1937 pero terminó la redacción en 1943: “Durante una década he creído que el régimen existente en Rusia era una cosa perversa y he reivindicado mi derecho a decirlo a pesar de que seamos aliados de los rusos en una guerra que deseo ver ganada” (Stalin condujo el proceso soviético de 1925 a 1953).
La parábola implícita no pierde vigencia y aplica para acontecimientos de sistemas políticos, partidos y gobiernos. La URSS desapareció, el ex poderoso e invencible PRI está a punto del entierro y en el país de quien asume ser un dictador, los ciudadanos no saben si la democracia gringa terminó, si viven el inicio de una guerra civil o están ya en el fascismo. La Jornada, sección Rayuela, incluso agradeció “al camarada Trump” porque nadie como él ha dañado al imperio capitalista.
Iguala, Gro., febrero 9 de 2026
