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Ciudad de México, Febrero 9.- Los simios pueden usar su imaginación y jugar a fingir, una habilidad que durante mucho tiempo se consideró exclusiva de los humanos, de acuerdo con investigadores de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos.


Como demuestran en un estudio publicado en Science, de forma consistente y robusta a lo largo de tres experimentos, un bonobo interactuó con tazas de jugo y tazones de uvas imaginarios, lo que desafía suposiciones largamente sostenidas sobre las capacidades cognitivas de los animales.

Los hallazgos sugieren que la capacidad de comprender objetos imaginarios está dentro del potencial cognitivo de, al menos, un simio criado en cautiverio, y que probablemente se remonta a entre 6 y 9 millones de años, hasta los ancestros evolutivos comunes con los humanos.


“Es realmente revolucionario que su vida mental trascienda el presente”, afirma el coautor Christopher Krupenye, profesor adjunto del Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales de la Universidad Johns Hopkins, quien estudia el pensamiento animal.


La imaginación se ha considerado durante mucho tiempo un elemento crucial de la condición humana, pero la idea de que quizá no sea exclusiva de nuestra especie es transformadora. Jane Goodall descubrió que los chimpancés fabrican herramientas y eso condujo a un cambio en la definición de lo que significa ser humano. Esto también nos invita a reconsiderar qué nos hace especiales y qué vida mental existe entre otras criaturas”, agrega.


Imaginación temprana y antecedentes en animales


A los dos años, los niños pueden participar en situaciones imaginarias, como tomar el té. Incluso a los 15 meses, los bebés muestran sorpresa al ver a una persona “bebiendo” de una taza después de fingir que la vaciaban.


Sin embargo, no se habían realizado estudios controlados sobre la simulación en animales no humanos, pese a informes anecdóticos de conductas similares tanto en estado salvaje como en cautiverio. En la naturaleza, por ejemplo, se ha observado a chimpancés jóvenes cargando y jugando con palos, sujetándolos como las madres sujetan a sus crías. En cautiverio, un chimpancé parecía arrastrar bloques imaginarios tras jugar con bloques reales de madera.

Krupenye y su coautora Amalia Bastos, ex becaria posdoctoral de Johns Hopkins y actual profesora en la Universidad de St. Andrews, en Escocia, se preguntaron si esta capacidad podía probarse en un entorno controlado.
El caso de Kanzi y


los experimentos de simulación


Diseñaron experimentos similares a una fiesta de té infantil para evaluar a Kanzi, un bonobo de 43 años que vive en Ape Initiative, del que ya existían reportes anecdóticos sobre conductas de simulación y comprensión de indicaciones verbales. En cada prueba, un experimentador y Kanzi se sentaban frente a frente en una mesa con jarras y tazas vacías, o con cuencos y frascos.


En la primera tarea, había dos vasos transparentes vacíos y una jarra también vacía. El experimentador simuló verter jugo imaginario en ambos vasos y luego fingió vaciar uno de ellos. Después preguntó a Kanzi dónde estaba el jugo. El bonobo señaló la taza correcta la mayoría de las veces, incluso cuando el experimentador cambiaba la posición del vaso “lleno”.


Para descartar que Kanzi creyera que había jugo real invisible, el equipo realizó un segundo experimento con un vaso de jugo real junto a uno imaginario. Cuando se le preguntaba cuál quería, Kanzi señalaba casi siempre el jugo verdadero.


Un tercer experimento repitió el procedimiento, pero con uvas. El experimentador simuló tomar una uva de un recipiente vacío y colocarla en uno de dos frascos. Tras fingir vaciar uno, preguntó a Kanzi dónde estaba la uva. De nuevo, el bonobo indicó la ubicación correcta del objeto imaginario. Aunque no acertó en todas las ocasiones, sus respuestas fueron consistentemente correctas.