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Ciudad de México, La Presidenta Claudia Sheinbaum no sólo enfrenta a los cárteles del narcotráfico en México, sino a una red de colusión política que, de ser confrontada a fondo, podría poner en riesgo su propia coalición de Gobierno, advirtió ayer el diario The New York Times (NYT).


El artículo de opinión, escrito por la periodista Mary Beth Sheridan bajo el título “No son los cárteles lo que preocupan a Claudia Sheinbaum”, argumenta que las presiones del presidente estadounidense Donald Trump para ejecutar operaciones militares contra el crimen organizado en territorio mexicano pasan por alto la dimensión política del fenómeno.


“El problema no es simplemente que los grupos del narcotráfico ataquen al Estado”, señala Sheridan. “Es que con frecuencia forman parte de él”.


La autora sostiene que una estrategia efectiva contra el crimen organizado requeriría no solo perseguir a narcotraficantes, sino desarticular redes de poder local y proceder contra funcionarios con presuntos nexos criminales, algunos de ellos pertenecientes al partido en el gobierno, Morena.


El texto hace referencia a declaraciones públicas de Trump, quien ha acusado a Sheinbaum de estar “atemorizada” por los cárteles y de ejercer un control limitado sobre el país.


Sheridan plantea, sin embargo, que la prudencia de la mandataria mexicana responde más a consideraciones de viabilidad política que a temor personal.


A diferencia de su predecesor Andrés Manuel López Obrador, Sheinbaum no mantiene un dominio absoluto sobre Morena, partido que la columnista describe como dividido entre grupos afines a ella y leales al ex presidente. Proceder contra políticos señalados por vínculos con el crimen podría fracturar al partido previo a las elecciones intermedias.


El análisis traza una continuidad histórica en las relaciones entre autoridades y organizaciones criminales en México. Citando al historiador Benjamin T. Smith, Sheridan indica que por décadas los gobiernos locales y estatales otorgaron protección a traficantes mediante esquemas de corrupción, patrón que persistió tras la democratización y la llamada guerra contra las drogas iniciada en 2006.


Los cárteles actuales, agrega, funcionan más como estructuras de poder territorial vinculadas con alcaldes y gobernadores, incluidos algunos de Morena.


Como caso ilustrativo, el artículo menciona a Hernán Bermúdez Requena, ex secretario de Seguridad de Tabasco, quien según informes de inteligencia militar habría mantenido vínculos con grupos criminales durante su gestión.


Bermúdez fue designado por el entonces gobernador Adán Augusto López Hernández, actualmente senador por Morena, quien ha negado tener conocimiento de las presuntas actividades ilícitas de su ex colaborador. Sheridan apunta que estas declaraciones han generado dudas incluso dentro del partido.
La columnista concluye que Sheinbaum podría no temer directamente a los cárteles, pero sí a las implicaciones de confrontar un sistema de colusión estructural.


“Con Trump presionando desde el exterior”, escribe Sheridan, la presidenta mexicana se encuentra entre “una superpotencia que exige una cruzada” y un sistema político que hasta ahora ha funcionado sin alterar el equilibrio existente.