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Ciudad de México, Febrero 6.- Dormir suele asociarse con silencio y pausa, pero para el cerebro es un momento de intensa actividad. Mientras descansamos, la memoria se reorganiza para dar sentido a lo vivido.
En el Alzheimer, ese trabajo interno no desaparece, pero pierde orden. Entender qué ocurre en ese instante en que el cerebro intenta acomodar los recuerdos ayuda a explicar por qué la enfermedad altera la memoria incluso cuando parece que todo está en calma.
Qué es el “replay” de la memoria y por qué importa
Mientras dormimos o simplemente descansamos, el cerebro no se desconecta. Por el contrario, reproduce internamente lo vivido para consolidar lo aprendido y fijar recuerdos importantes. A este mecanismo se le conoce como “replay” de la memoria.
Este proceso ocurre principalmente en el hipocampo, una región cerebral clave para el aprendizaje, la orientación y la memoria.
Durante el reposo, ciertas neuronas —conocidas como place cells o “células de lugar”— se activan siguiendo patrones específicos que reflejan experiencias recientes, como si el cerebro volviera a recorrer mentalmente el día para decidir qué conservar y cómo almacenarlo.
Una forma sencilla de entenderlo es imaginar la memoria como una gran biblioteca. Cada jornada añade nuevos libros, y por la noche alguien se encarga de clasificarlos, ordenarlos y etiquetarlos para que puedan encontrarse después.
El replay cumple esa función. Sin él, los recuerdos quedan mal archivados, se mezclan entre sí y pierden claridad.
Cómo el Alzheimer altera el “replay” de la memoria
Un estudio reciente del University College London (UCL), publicado y difundido por ScienceDaily, reveló que en modelos de Alzheimer el cerebro intenta seguir realizando el replay, pero lo hace de manera desorganizada, sin la coherencia necesaria para consolidar recuerdos estables.
Los investigadores observaron que, en ratones con acumulación de placas beta-amiloides —una de las principales características del Alzheimer—, los eventos de replay ocurrían con una frecuencia similar a la de cerebros sanos.
La diferencia crucial era la falta de coordinación: las secuencias neuronales no seguían un orden lógico ni reforzaban la información correcta.
Dicho de otra manera, el cerebro seguía “ordenando” durante el descanso, pero las páginas no encajaban.
Este desorden nocturno tuvo consecuencias claras: los animales mostraron peor desempeño en pruebas de memoria y orientación, como recorrer laberintos, en comparación con aquellos sin alteraciones neurodegenerativas.
Por qué ocurre esta disrupción cerebral en el Alzheimer
La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por la acumulación progresiva de proteínas anormales, principalmente beta-amiloide y tau, que forman placas y ovillos dentro del cerebro.
Estas sustancias dañan las neuronas y alteran la comunicación entre ellas, lo que conduce a su deterioro gradual.
Según el National Institute on Aging (NIA) de Estados Unidos, estas proteínas actúan como obstáculos en las redes neuronales, interfiriendo con los circuitos responsables de la memoria, el lenguaje y el razonamiento.
Cuando el cerebro intenta reproducir experiencias para consolidarlas durante el descanso, estas rutas dañadas provocan una reproducción incompleta o distorsionada de la información.
En lugar de fortalecer conexiones útiles, el cerebro fragmenta los recuerdos. El resultado no es un vacío inmediato, sino una memoria que se vuelve frágil, confusa y menos confiable.
Cómo afecta este desorden en la vida diaria
En las etapas iniciales del Alzheimer, este fallo en el replay puede pasar desapercibido. Se manifiesta como olvidos leves, dificultad para retener información reciente o confusión ocasional con fechas, nombres o lugares.
Con el avance de la enfermedad, la falta de un replay organizado debilita la formación de nuevos recuerdos. Por eso, muchas personas con Alzheimer recuerdan con claridad episodios de su infancia, pero olvidan lo que ocurrió hace unas horas.
Los recuerdos antiguos ya están consolidados; los nuevos no logran fijarse correctamente.
Este fenómeno ayuda a explicar por qué el Alzheimer no borra la memoria de golpe, sino que desarma progresivamente la narrativa personal, afectando la autonomía y la orientación en la vida cotidiana.
