Buenos maestros, mejores mexicanos

Por: José Rodríguez Salgado

Agradezco al grupo de Técnicos Profesionales en Administración, Jurídico, Contabilidad y Asistente Educativo 2024-2025 de los Centros Educativos Edumak de Chilpancingo, Gro., al concederme el honor de que su Generación lleve mi nombre. Honrar, honra. Les deseo la mejor de las suertes para un exitoso desempeño.

Está comprobado que todo ejercicio, arte, ciencia, cultura, profesión, etc., exige total entrega y vocación íntegra. El caso del magisterio no es la excepción, no obstante, la falta de reconocimiento social y la injusticia por los bajos sueldos. Siendo Secretario de Educación Pública el doctor Jaime Torres Bodet, se propuso y logró con éxito dotar de instrumentos psicopedagógicos y conocimientos adecuados a la actividad de los maestros que atendían las escuelas urbanas y rurales de su época. Con la creación del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, se cubrió el hueco existente por la falta de conocimientos específicos que este ejercicio exigía. Fue llamado en su tiempo “La Escuela Normal más Grande del Mundo”. Miles de profesores sin título pasaron por sus aulas y fueron habilitados para un trabajo pedagógico adecuado. Ser maestro es responsabilidad mayúscula.

Este fue un gran esfuerzo en la formación normalista del magisterio mexicano. Paralelamente las Escuelas Normales Rurales existentes satisficieron las necesidades de los jóvenes campesinos mexicanos que mostraron vocación para la enseñanza. Esta práctica tuvo como antecedente el movimiento Lancasteriano que pretendía enseñar a leer y escribir a los iletrados con el menor gasto y esfuerzo posible.


Se trataba de sustituir en una proporción alta a los maestros por los mismos alumnos a quienes se les llamó “monitores”. Contrariamente al propósito de reducir la participación de los maestros en el proceso escolar, lo que mostró la experiencia Lancasteriana fue la necesidad de formar maestros que el país necesitaba. De ese primer movimiento de educación popular se derivó la fundación de las escuelas normales en el país. Así, en la segunda mitad del siglo XIX se desarrolló un período fecundo para la educación nacional.


Las primeras escuelas normales se formaron en Jalisco y Oaxaca, en 1849, pero la primera escuela normal propiamente dicha tuvo su asiento en San Luis Potosí. Después se organizaron las de Guadalajara, Puebla y Nuevo León. En 1886 junto con las de Michoacán y Veracruz se creó la Escuela Normal de Querétaro y en 1887 se funda la Escuela Normal para Profesores de la Ciudad de México (actual Benemérita Escuela Nacional de Maestros).


La educación normal se organizó porque se hizo necesario que las personas dedicadas a la docencia fueran cultas y con preparación pedagógica. Esta exigencia creció con el tiempo y pronto se consideró que la preparación de los maestros debía tener un alto nivel académico. Una de las demandas más sentidas del magisterio era la de elevar el nivel profesional del normalismo. Por años se insistió introducir un bachillerato como antecedente para cursar esta carrera.


La demanda fue planteada con argumentos sólidos en el Congreso Nacional de Educación Normal realizado en Saltillo, Coahuila en 1944. Esta aspiración se hizo presente en todos los eventos normalistas con seriedad académica. Siempre se consideró que las tareas, la misión y la preparación de maestros no debían ser de una categoría social y cultural inferiores a la del médico, el ingeniero o el abogado. Se planteaba con sólidas razones que la formación profesional debía alcanzar el nivel académico de licenciatura.


Así lo expresaban algunos de los guías más ilustres de la educación nacional como don Raúl Isidro Burgos, Antonio Sánchez Molina, José Santos Valdés, Ernesto Guajardo Salinas, Gabriel de la Mora de la Mora, Ricardo Salgado Corral, Víctor Hugo y Raúl Bolaños Martínez, Celedonio Serrano Martínez, Luis Gámez Jiménez, Luis Álvarez Barret, Vicente Oria Razo, Lucio López Iriarte, Aquiles Nava Hernández, entre otros.


Uno de los maestros normalistas más distinguidos ya mencionado, don Rafael Ramírez escribió, “en diferentes ocasiones había pedido con urgencia que la formación de profesor de educación primaria se constituyera sobre la base de un bachillerato especial de educación que amplíe la cultura general que se adquiere en la secundaria y que a la vez inicie la especialización profesional”. Continuará


Febrero 05 de 2026