Punctum temporis | Un punto en el tiempo

Por: Netza I. Albarrán Razo

El 5 de febrero de 1917 quedó inscrito como una de las fechas fundamentales en la historia de México. Ese día se promulgó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, un documento que no sólo reorganizó jurídicamente al país tras los años convulsos de la Revolución, sino que estableció un proyecto de nación con vocación social y sentido de futuro. Más de un siglo después, sigue siendo la ley suprema que rige la vida pública mexicana.

La Constitución fue el resultado de un proceso político y social marcado por la necesidad de dar cauce institucional a las demandas surgidas del conflicto revolucionario iniciado en 1910.


Convocado por Venustiano Carranza, entonces encargado del Poder Ejecutivo, el Congreso Constituyente sesionó en la ciudad de Querétaro entre diciembre de 1916 y enero de 1917, en lo que hoy se conoce como el Teatro de la República. Aunque el objetivo inicial era reformar la Constitución de 1857, el debate derivó en la creación de un texto nuevo, más acorde con la realidad social del país.


La promulgación de la Carta Magna el 5 de febrero y su posterior publicación en el Diario Oficial de la Federación marcaron el nacimiento de un orden constitucional inédito en el mundo. La Constitución de 1917 fue pionera al incorporar de manera explícita los derechos sociales dentro de un texto constitucional, anticipándose a otros países que décadas después adoptarían principios similares.


Esta característica le otorgó un lugar destacado en la historia del constitucionalismo moderno.


Entre sus disposiciones más relevantes se encuentran el reconocimiento del derecho a la educación pública, laica y gratuita; la afirmación de que la nación es propietaria originaria de las tierras y recursos naturales; y el establecimiento de derechos laborales como la jornada máxima de trabajo, el salario mínimo y el derecho a la organización sindical. Estos principios no sólo respondían a las exigencias del momento histórico, sino que buscaban corregir profundas desigualdades heredadas del Porfiriato.


Además de su contenido social, la Constitución de 1917 reafirmó pilares esenciales del Estado mexicano: la soberanía nacional, el federalismo y la división de poderes. A lo largo del tiempo, el texto constitucional ha sido objeto de numerosas reformas, reflejo de la evolución política, económica y social del país, aunque su espíritu original continúa siendo punto de referencia para el debate público.


Cada 5 de febrero, la conmemoración de la promulgación de la Constitución invita a mirar más allá del acto jurídico. Es una oportunidad para reflexionar sobre el pacto social que dio forma al México contemporáneo y sobre la vigencia de los ideales que lo inspiraron. La Constitución de 1917 no es sólo un documento histórico; es una obra colectiva que sigue dialogando con el presente y planteando preguntas sobre el rumbo de la nación.