Punctum temporis | Un punto en el tiempo

Por: Netza I. Albarrán Razo

El 27 de enero de 1945, tropas del Ejército Rojo soviético liberaron el complejo de campos de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, en la Polonia ocupada por la Alemania nazi. Lo que encontraron superó cualquier relato previo de la guerra: miles de prisioneros famélicos, cámaras de gas, crematorios y toneladas de objetos personales que evidenciaban un sistema industrializado de muerte.

Auschwitz había sido el mayor centro de exterminio del régimen nazi. Entre 1940 y 1945, más de un millón de personas, en su mayoría judíos, fueron asesinadas allí, junto con prisioneros políticos, gitanos, prisioneros de guerra soviéticos y otras minorías perseguidas por el Tercer Reich.


El descubrimiento del horror


Cuando las tropas soviéticas llegaron al campo, encontraron a unos 7 mil sobrevivientes, muchos de ellos niños, demasiado débiles para haber sido evacuados por los nazis días antes. Los soldados documentaron montañas de zapatos, gafas, maletas y cabello humano, pruebas irrefutables de un genocidio planificado.


Las imágenes y testimonios que comenzaron a circular tras la liberación de Auschwitz sacudieron a la comunidad internacional y cambiaron para siempre la comprensión de la guerra. El Holocausto dejaba de ser un rumor para convertirse en una realidad documentada.


Memoria y responsabilidad


Con el paso del tiempo, Auschwitz se convirtió en un símbolo universal del peligro del odio, el antisemitismo y el totalitarismo. En 2005, la Organización de las Naciones Unidas estableció el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, reafirmando la necesidad de preservar la memoria histórica.


Una lección que no caduca


La liberación de Auschwitz no marcó el fin inmediato de la Segunda Guerra Mundial, pero sí representó un punto de no retorno moral para la humanidad. El 27 de enero de 1945 permanece como un recordatorio de hasta dónde puede llegar la barbarie cuando el odio se normaliza y el silencio se vuelve cómplice.


Recordar Auschwitz no es solo un acto de memoria; es una advertencia histórica.