LAS Y LOS ABUELOS… RAÍZ, PILAR Y GUÍA
Por: Alejandra Salgado Romero
“Nadie puede hacer por los niños lo que hacen los abuelos: espolvorean polvo de estrellas sobre la vida de la infancia”
Alex Haley
En las últimas décadas, México ha experimentado transformaciones demográficas, sociales y culturales que han reconfigurado el rol de las y los abuelos dentro de la familia y de la sociedad en general. Aunque todavía es común asociar la figura del abuelo/a con el “envejecimiento” o con etapas pasivas de la vida, la realidad contemporánea nos obliga a repensar estas concepciones estereotipadas. Hoy más que nunca, las personas mayores —en especial quienes tenemos nietos y nietas— desempeñan funciones esenciales y dinámicas que impactan emocional, educativa y socialmente en las generaciones más jóvenes, así como nutren de vitalidad, propósito y sentido de pertenencia a quienes ejercen ese rol.
Para comprender el contexto en que se redefine el papel de las y los abuelos es indispensable analizar las cifras demográficas. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2022 residían en México casi 18 millones de personas de 60 años o más, lo que representa aproximadamente 14 % de la población total del país. Si bien esta proporción todavía no alcanza los niveles de envejecimiento de países desarrollados, es evidente que el número de personas mayores no sólo crece en términos absolutos, sino que se incorpora de manera más activa a la vida cotidiana de las familias. Esta tendencia demográfica inaugura un nuevo e influyente grupo social dentro del tejido familiar mexicano: generaciones más longevas, con experiencia, historia acumulada y una presencia vital en los hogares y en las redes de apoyo intergeneracional.
Históricamente, la idea de abuelazgo, -es decir, la figura del anciano/a proveedor/a de tradiciones y autoridad moral- ha sido profundamente arraigada en México, en buena parte debido al papel central de la familia extensa en la cultura del país. Hoy, ese rol conserva elementos tradicionales, -transmisión de valores, historias y memoria familiar-, pero también se ha expandido para incluir funciones más activas y multifacéticas. Diversos estudios coinciden en que las y los abuelos ofrecen mucho más que cariño: proveen guía emocional, apoyo en la crianza, acompañamiento educativo y contribuyen al bienestar mental de sus nietos. Por ejemplo, investigaciones han mostrado que la participación de abuelos en la vida familiar está asociada positivamente con la adquisición de comportamientos prosociales (como la empatía y la cooperación) y una mayor implicación escolar en las y los nietos.
En un contexto en el que madres y padres muchas veces deben trabajar jornadas extendidas, las y los abuelos se convierten en una red de sostén imprescindible. La convivencia frecuente no sólo responde a necesidades prácticas, -como el cuidado de niños y niñas-, sino que también promueve un intercambio afectivo que beneficia a la familia en general. Se ha documentado que el vínculo entre abuelas/os y nietas/os puede reducir la sensación de soledad en adultos mayores y mejorar su salud mental. Una de las ideas más extendidas, -y erróneas-, en torno a la figura del abuelo/a, es asociarla exclusivamente con el envejecimiento, entendido este como una etapa de declive, retiro o pérdida de protagonismo social. Sin embargo, esta visión invisible y reductiva no corresponde con la realidad contemporánea de muchas familias mexicanas.
En culturas contemporáneas, donde se reconoce que las relaciones familiares no tienen envejecimiento intrínseco, se ha observado que las interacciones frecuentes con nietos/as contribuyen ampliamente al bienestar emocional de las personas mayores, reduciendo sentimientos de aislamiento, promoviendo actividad física y estimulando la participación social activa. El rol de las y los abuelos hoy no se limita al afecto; muchas veces incorpora funciones educativas y de apoyo práctico. Numerosos estudios han encontrado que estos abuelos/as involucrados/as pueden actuar como verdaderos coeducadores. Datos de investigaciones señalan que las y los abuelos que participan en la crianza de sus nietos/as reportan mayores niveles de actividad física, y reconocen que su cuidado estimula su salud y sensación de propósito. Asimismo, evaluaciones más específicas de funciones familiares identifican que las y los abuelos ofrecen ayuda en momentos de crisis (por ejemplo divorcio, enfermedad o desempleo de los padres) y pueden desempeñar papeles activos en la educación y orientación emocional de las generaciones más jóvenes.
Aunque a menudo pasa desapercibido en el discurso público, la participación de las y los abuelos también tiene una dimensión económica y social de gran impacto, especialmente en hogares donde la presencia de tres generaciones convive bajo un mismo techo. Un análisis demográfico señalaba que los hogares multiculturales —es decir, aquellos donde coexisten abuelos, padres e hijos— representan una proporción significativa de las familias mexicanas. En esos contextos, las y los abuelos suelen proveer soporte que permite a los padres trabajar, estudiar o buscar mejores condiciones económicas. Esta función de sostén informal es particularmente crítica en zonas donde los servicios de cuidado infantil son limitados o costosos, y donde las redes familiares amplificadas se convierten en mecanismos de soporte comunitario. No obstante, el rol de las y los abuelos no ha permanecido estático. A medida que México ha transitado por profundas transformaciones socioeconómicas —urbanización, aumento en la esperanza de vida, cambios en las estructuras familiares y mayor participación laboral de las mujeres— los vínculos intergeneracionales también se han redefinido. Por ejemplo, un estudio demográfico comparativo entre 1930 y 2015 mostró que, aunque la presencia de abuelos/as en los hogares ha disminuido en términos porcentuales —de aproximadamente 16% de los hogares en 1930 a cerca de 10% en 2015— sigue siendo relevante, especialmente en contextos donde la familia extensa se mantiene como recurso de apoyo. Estos datos demuestran que si bien la forma de convivencia puede haberse modificado, el significado y la relevancia del rol de abuelas y abuelos permanece fuerte e incluso se adapta a las circunstancias contemporáneas.
La sociedad contemporánea mexicana requiere urgentemente una reevaluación del valor de las y los abuelos más allá de los estereotipos asociados al envejecimiento. Su rol en la familia no es un complemento marginal, sino un pilar que contribuye a la estabilidad emocional, educativa y afectiva de las generaciones jóvenes, al tiempo que enriquece de vitalidad y significado la vida de quienes ejercen ese rol. En un contexto donde las estructuras familiares se diversifican y las exigencias económicas y sociales son cada vez mayores, el abuelazgo representa una fuerza social y familiar fundamental que merece reconocimiento, apoyo y celebración. Las abuelas y los abuelos no somos ya simplemente adultos mayores que “cuentan historias del pasado”. Somos constructores de puentes afectivos, transmisores de valores, apoyo emocional y, sobre todo, socios activos en la construcción del presente y el futuro de las familias mexicanas.
Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo alejandra.salgado.esdafzk@gmail.com.
