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CDMX, Diciembre 18.- El Colegio de San Ildefonso mantiene desde este mes y hasta mayo próximo la exposición El Galeón Acapulco-Manila. Somos Pacífico. El mundo que emergió del trópico, una muestra que reúne más de 300 piezas provenientes de acervos nacionales e internacionales y que permite reconstruir la dimensión política, económica y social de la relación intercultural entre Acapulco y Manila.


La exposición fue inaugurada el pasado 4 de diciembre y permanecerá abierta al público hasta el 31 de mayo de 2026. De acuerdo con un comunicado difundido por la Dirección de Cultura de la UNAM, “la exhibición recupera la profunda herencia cultural que México y Filipinas construyeron a lo largo de 250 años gracias a la ruta marítima que conectó ambos territorios entre 1565 y 1815”.


El proyecto es resultado del trabajo conjunto del Asian Civilisations Museum de Singapur, la National Gallery Singapore, el Programa de Estudios Filipinas–México de la UNAM, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Colegio de San Ildefonso, además de otras instituciones participantes, en colaboración con la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Embajada de México en Singapur.


En el comunicado se destaca que, durante más de dos siglos y medio, la navegación Acapulco-Manila “creó una red de intercambios que transformó la vida en ambas orillas del Pacífico. Más que una ruta comercial, este vínculo tejió relaciones económicas, sociales, políticas y espirituales que dejaron huella en los mercados, las lenguas, las prácticas cotidianas y las expresiones artísticas. México se volvió un punto de articulación entre continentes y, de ese tránsito constante, surgió una memoria compartida que aún hoy perdura en ambos territorios”.


Asimismo, se subraya que la exposición conmemora 50 años de cooperación bilateral, académica y cultural entre México y Singapur.


La muestra integra más de 300 piezas, entre cerámicas, mapas, textiles, objetos de navegación y obras de arte. Según el comunicado, “la exposición revela cómo la vida cotidiana, la devoción, la diplomacia y el comercio se entrelazaron durante siglos de navegación transpacífica, forjando un legado profundo entre México y Filipinas. Cofres tallados en marfil y nácar, porcelanas Ming, lacas japonesas, textiles novohispanos y talaveras poblanas dialogan con un monumental biombo de galeones, un arcón con incrustaciones orientales e instrumentos de navegación del siglo XVI al XIX que guiaba la ruta entre Acapulco y Manila.

Cada pieza conserva la huella del asombro y testimonia un viaje que transformó la vida, el arte y la memoria en ambas orillas del Pacífico, recordando que el mar, más que separar, une”.


Finalmente, se afirma que se trata de la primera ruta comercial que presenta a México “como un país marítimo, un puente entre dos océanos y el nexo que hizo posible la primera economía global. Sus fortificaciones portuarias, tradiciones marineras, cultura cosmopolita y población plural dan testimonio de esa vocación. Los galeones que unían Acapulco y Manila transportaban plata mexicana hasta Filipinas, donde comerciantes de China, India, Malaca, Sumatra, Japón, Siam, Camboya y Java la recibían para intercambiarla por seda, especias, muebles preciosos, marfiles tallados, obras de arte y manufacturas de uso cotidiano”.