Cuando se habla de música, en cierto sentido se involucran las emociones. A lo largo del tiempo las personas hemos recurrido a la música no solo como forma de expresión, sino también como un medio de compresión y transformación de lo que sentimos. Resulta difícil pensar en otro lenguaje que tenga tal capacidad de influir tanto en nuestro estado emocional. La relación música-emoción no es una simple cuestión cultural; responde a procesos tanto fisiológicos como a construcciones sociales y experiencias personales
Escuchar música puede despertar en segundos recuerdos de diversos tipos, crear nostalgia o motivar estados de ánimo. ¿Por qué ocurre esto? La respuesta no es una sola. Desde conceptos en neurociencia se sabe que la música activa regiones cerebrales vinculadas con sistemas que regulan las emociones como alegría, tristeza, enojo etc. Es más que suficiente pensar en la reacción casi automática que sentimos al escuchar una canción que emite una emoción; el cuerpo tiende a reaccionar a la canción y pareciera que altera la realidad. Por el contrario, una canción relajada provoca diversas emocione tristes, melancólicas que hacen que quien las escucha procesar emociones tristes.
Sin embargo, limitar la relación de la música con la emoción únicamente a explicaciones biológicas limita su alcance. La muisca esta profundamente relacionada con experiencias de vida, una canción la cual para una persona puede resultar motivadora para otra puede ser dolorosa, triste porque le recuerda a una perdida o un momento triste. En este sentido, la música no actúa de forma neutra, se convierte en un espejo refleja do una historia personal o colectiva. Por dicha razón, himnos o canciones representativas despiertan emociones de orgullo o motivación, pues son relacionadas a situaciones en especial o identidades.
Ahora bien, no siempre la música cumple dicha función de amplificar lo que sentimos, en ocasiones se convierte en un recurso para regular nuestra emociones. Muchas personas escuchan música alegre para olvidar situaciones o momentos tristes, o recurren playlist energéticas para encontrar motivación para el día a día. El uso recurrente de la música como herramienta de autorregulación emocional abre un campo interesante de estudio, como la llamada musicoterapia la cual ha demostrado eficacia en el tratamiento de estrés, depresión y trastornos de animo pues permite canalizar y reorganizar experiencias a través de las ondas sonoras.
A nivel social, la música también cumple un papel emocional colectivo. En un concierto, la conexión entre artistas y publico también genera un ambiente común que difícilmente se alcanza en otros espacios. Gran cantidad de personas pueden cantar en conjunto una canción y por un momento compartir emociones aunque entre si sean completamente diferentes. Dicho poder de la música para crear sincronización en masas explica su presencia en actividades como rituales, celebraciones y movimientos sociales. No es casualidad que las revoluciones tengan himnos ni que las religiones utilicen cantos como medio de unión
Opino que la relación música-emoción trasciende el ámbito de lo estético y terapéutico, se trata de una dimensión indispensable de los humanos. La música nos recuerda que sentir no es acto aislado ni puramente racional, sino una experiencia compleja integral. Al escuchar o reproducir música nos permitimos explorar emociones que de otra forma podrían quedar reprimidas o sin forma. Y es precisamente esa posibilidad expresiva donde radica su valor.
No obstante, es importante reconocer que la música no siempre tiene efectos positivos, el uso excesivo de canciones tristes puede reforzar estados de animo depresivos, negativos, mientras que otros géneros con letras incitando a la violencia pueden alimentar el odio em ambientes hostiles. Por ello, es fundamental mantener una actitud consciente y reflexiva sobre lo que escuchamos y como reaccionamos ante ello. La música como todo lenguaje, puede tener impactos positivos o negativos dependiendo la manera en que la utilicemos.
Para concluir, la música es más que un medio de entretenimiento; es una herramienta emocional, un lenguaje universal, una experiencia. Es compañía en momentos de soledad, unión colectiva, da fuerza en momentos difíciles y nos permite celebrar la alegría. La relación entre música-emoción no es opcional, forma parte importante de lo que significa ser humano. Reconocerlo nos invita a escuchar de manera consciente a valorar la música no solo de forma estética, sino también por su capacidad para influir en nuestra vida.
