Por: Servicios AINI


Ciudad de México, Diciembre 3.- La inclusión en salud va más allá de tener hospitales, médicos y programas públicos. Implica que todas las personas puedan acceder a servicios, información y decisiones relacionadas con su bienestar sin enfrentar barreras sociales, económicas o administrativas.


Aunque en países como México se han reforzado los marcos legales para proteger este derecho, la manera en que la población experimenta el acceso al sistema de salud todavía enfrenta grandes retos.


El Health Inclusivity Index (HII), presentado en México por Haleon en colaboración con The Economist Intelligence Unit y University College London, analizó los sistemas de salud de 40 países, entre ellos seis de América Latina. El objetivo fue evaluar qué tan inclusivos son estos sistemas y cómo esto impacta en la vida diaria de las personas.


El estudio evidencia una brecha que afecta de manera directa principalmente a adolescentes y jóvenes adultos. De acuerdo con los resultados, la Generación Z es la que más se siente excluida del sistema de salud en el mundo.


El análisis señala que hay políticas sólidas destinadas a la atención de la infancia y también para las personas mayores, quienes cuentan con programas y beneficios específicos; sin embargo, existe una franja de la población —de alrededor de los 13 a los 28 años— que no se identifica dentro de ninguna categoría protegida.

Esto se traduce en dificultades para acceder a atención primaria, para recibir orientación en la transición hacia los servicios destinados a adultos o incluso para conocer cómo funciona el sistema al ingresar a su primer empleo.


Falta de información y barreras prácticas


Uno de los obstáculos identificados es la desinformación sobre el funcionamiento del sistema de salud, lo cual deriva en un menor uso de los servicios disponibles.

El estudio encontró que 7 de cada 10 personas han enfrentado alguna barrera al intentar recibir atención, entre ellas: largas esperas, falta de citas disponibles o trámites administrativos como la ausencia de CURP o comprobante de domicilio.

Estas fallas afectan a toda la población, pero tienen un impacto mayor en quienes dependen por primera vez del sistema.

Además, el acceso a la información representa un factor decisivo. La población joven recurre principalmente a fuentes digitales, pero la información oficial sobre salud suele ser compleja, técnica o poco accesible. Esto contribuye a que la generación Z reporte menor empoderamiento en decisiones sobre su salud.

Quién se siente más excluido


El HII también analizó qué grupos viven más barreras al acceder a la salud. Además de la generación Z, se consideran poblaciones marginadas y personas con enfermedades crónicas como sectores que enfrentan mayores obstáculos para recibir atención oportuna.

En la fase de entrevistas a más de 42 mil personas, la exclusión se vuelve aún más evidente cuando se trata de condiciones como orientación sexual, género, peso o religión, factores que pueden influir en el trato recibido dentro del sistema.

El reto de hacerlos sentirse incluidos


El estudio subraya que la inclusión en salud no depende solo del gobierno o los hospitales: también se requiere la participación de escuelas, empresas, familias y comunidades para brindar herramientas que permitan a las personas gestionar su bienestar desde etapas tempranas.

Crear estrategias para adolescentes y jóvenes que fortalezcan su alfabetización en salud —como educación adecuada y acceso a información confiable— es uno de los caminos para cerrar la brecha que existe actualmente entre políticas de protección y experiencias reales de atención.