-Los amigos en el corazón
Por: Rafael Domínguez Rueda
He vuelto a la ciudad que hasta la entrada de este siglo consideraba única, pues la antigua ciudad colonial tenía la particularidad de haber conservado el trazado geométrico de las calles de los conquistadores españoles, junto a los sinuosos callejones de los barrios indígenas; sin embargo, en los últimos años ha dejado de ser provinciana para convertirse en la metrópoli con la mayor dinámica de crecimiento del país. me refiero a Querétaro.
La ciudad del acueducto. La Ciudad Constituyente. Tercera Ciudad del Reino y La Perla del Bajío, Calificativos, a los que ahora agrega: una ciudad con seguridad y calidad de vida.
He vuelto a recordar, de las mil y una experiencias que viví en Querétaro, a finales de la década de los 60° del siglo pasado, tres: cuando un funcionario me puso una pistola en el pecho. Cuando una joven de 19 años, por ingenua, la envolvieron en un problema y yo interviniera para que ella saliera sin mancha, y, haber conocido una familia queretana que venía a lguala 4 veces al año para surtirse, entre otras cosas, de mole Mendiola y un chiquigüite de tortillas a mano. Así se valoraban en el país los productos igualtecos.
También, he vuelto a ver los contrafuertes de Santa Rosa de Viterbo. He caminado con la familia por la Plaza de Armas, ante la estatua del marqués de la Villa del Villar del Águila en el centro, y he recordado ahí al mago Septién, oriundo de esta ciudad, ese cronista deportivo -un auténtico sabio- era en verdad descendiente del noble aquel. He recorrido la Plaza de la Constitución que ahora, en las noches, se ha convertido en espacio de músicas. He vuelto al Museo de la Ciudad y he saludado la estatua de bronce de Pancho Cervantes, sentado y con un simpático gato eternamente inmóvil, también de bronce, a sus pies. No tuve tiempo de entrar al Museo Regional a admirar los enormes facistoles y a husmear los libros venerables que ahí se guardan.
A lo lejos, el Cimatario y el Cerro de las Campanas; a este, el sitio de los Fusilamientos, llegué a ir a recordar la gesta ante el invasor y el sangriento final de los sueños imperiales. Pero me he asomado a los patios de las casonas, come la donde nació Francisco León de la Barra que fue Presidente de la República, y admiré como siempre los mil y un detalles de la arquitectura criolla, la fachada del histórico Teatro de la República, las tiendas de ópalos Cadereyta, las dulcerías y jardines bien cuidados.
No dejé de admirar el templo de santa Rosa de Viterbo, la iglesia más bonita de Querétaro: el barroco en su máxima expresión; el templo y exconvento de San Francisco de Asís: la joya antigua de Querétaro, la Catedral, lo que la hace especial es el hecho de que fue bendecida por Miguel Hidalgo.
Pero lo mejor fue la gente que me encontré por ahí: escritores, pintores y poetas por quienes siento un cariño enorme y una gran admiración por su entrega apasionada por las bellas artes.
Y también, con la familia, estuvimos en la Hacienda Jurica, un lugar lleno de historia y tradición, se mantiene como un emblema del pasado colonial. Está considerado como uno de los mejores hoteles Hacienda de México.
Lo que más grato pasamos con la familia fue la visita a un querido maestro de mis hijos, amigo entrañable. El encuentro transcurrió con gran familiaridad y evocando recuerdos, tanto de la escuela que él dirigió y dió prestigio, como del grupo de amigos que nos reuníamos mensualmente para convivir sana y alegremente. Habló del maestro Alejandro Sánchez Román quien ahora vive en Querétaro.
Solemos decir que vivimos este u otro momento en la estimación. Es una forma de declarar un gran afecto, irrestañable, una verdadera hermandad.
Es lo que siento por los amigos, tanto los tanto los que viven en Hidalgo como en Chilpancingo, en Tixtla, como en Iguala, en Apetlanca, en Acapulco, como en Puebla, como con en el que estuve en estos días patrios en Querétaro.
