Edicion : 9379 sábado, 28 de marzo de 2020 Edicion Archivada

Opinión


Por : José Rodríguez Salgado 

Jaime Sabines, poeta de lo humanoAl poeta poblano Gilberto Castellanos Tenorio, afectuosamente.

Presencias y evocaciones


Publicada:  26 marzo, 2020 -- Actualizada: 25 marzo, 2020

Ayer 25 de marzo quien fuera uno de los más grandes poetas de México, Jaime Sabines Gutiérrez, hubiera cumplido 94 años de productiva existencia y trascendencia como hombre de letras. Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chis., en 1926 y falleció en la Cd. de México el 19 de marzo de 1999. Fue hijo del ciudadano libanés, formado en Cuba, Julio Sabines y la señora Luz Gutiérrez, chiapaneca. El papá del poeta llegó a Chiapas en 1914 como militar, con el grado de Capitán Primero en el bando carrancista. Al año de su arribo contrajo nupcias con doña Luz quien pertenecía a la aristocracia local. Era sobrina nieta del jurista liberal quien fuera gobernador del estado, don Joaquín Moguel Gutiérrez. En su honor Tuxtla lleva su apellido. Con ese matrimonio termina la carrera militar del señor Sabines. Renuncia al ejército con el grado de Mayor y se van a vivir a un pueblo cercano a Tuxtla. El ex militar era un hombre de contrastes, eso influyó en el pequeño Jaime. Los años transcurridos en el área rural de Chiapas, de contacto directo con la naturaleza, penetrarían no sólo en la personalidad del joven poeta, sino también en su obra. La naturaleza fue un elemento esencial para él desde su infancia.
Se dice además que poseía una memoria prodigiosa. Desde muy pequeño se convirtió en el declamador de la familia y de la escuela. Al terminar la preparatoria se fue a estudiar medicina a la capital del país, deserta al tercer año de la carrera al convencerse de que su verdadera vocación era el cultivo de las letras. Con el consentimiento de su padre se inscribió en Filosofía y Letras de la UNAM en 1949. Ahí tuvo la fortuna de ser discípulo de los maestros: María Magdalena Hernández Pereira, Amancio Bolaños, Julio Torri, Fernando Salmerón, Alejandro Rossi, Agustín Yáñez, Miguel Guardia, José Gaos y Eduardo Nicol, entre otros. Compartió enseñanzas con Emilio Carballido, Sergio Magaña, Dolores Castro, Sergio Galindo, Rosario Castellanos, Ramón Xirau y Jesús Arellano. Se reunían en el taller literario de Efrén Hernández.
El poeta Jaime Sabines siempre reconoció la influencia de Ramón López Velarde, Rafael Alberti, Aldous Huxley, James Joyce, García Lorca, Juan Ramón Jiménez y especialmente Pablo Neruda. Trató de cerca a Juan Rulfo, Juan José Arreola, Pita Amor además de otros poetas e intelectuales mexicanos. Se adentró en el conocimiento de la literatura por medio de la obra de autores que integraron el grupo “Contemporáneos”: Xavier Villaurrutia, José Gorostiza, Salvador Novo, Elías Nandino, Gilberto Owen, etc.
En 1949 se publicó su libro “Tarumba”; 1950, “Horal”; 1952, “Adán y Eva”; 1961, “Diario semanario”, “Poemas en prosa”, “Poemas sueltos” (1951-1961); en 1967, “Yuria”; en 1968, “Tlaltelolco”; 1972, “Maltiempo”; 1973,“Algo sobre la muerte del Mayor Sabines”, “Otros poemas sueltos” (1973-1994); 1977, “Nuevo recuento de poemas”, 1983, “Los amorosos, cartas a Chepita”, “La luna”; 1988, “Después de todo”, “Me gusta que lloraras”, “Para amarte a ti”.
En 1965 la UNAM en su programa “Voz viva de México”, grabó un disco de poemas con la propia voz de Sabines. Muchos calificaron el trato hostil de Octavio Paz hacia el poeta chiapaneco, (nunca perteneció a su círculo de cercanos), sin embargo lo calificó como uno de los mejores poetas contemporáneos de nuestra lengua, “para Sabines todos los días son el primero y el último día del mundo”.
Fue diputado al Congreso de la Unión en dos ocasiones, la primera de 1976 a 1978 y la segunda por un Distrito electoral de la capital de la República en 1988. Su obra poética ha sido de las mejor estudiadas. Se han escrito tesis de maestría y doctorado de universidades locales y del extranjero y ha merecido estudios especializados, entre otros, de los expertos literatos colimenses Gloria Vergara y Rogelio Guedea, quienes le dedicaron sendos ensayos calificados como los mejores. Ambos abordan “el tiempo en Jaime Sabines”, como tema central.
Fue merecedor de los premios: Chiapas (1959), la beca del Centro Mexicano de Escritores (1964), Xavier Villaurrutia (1973), Elías Sourasky en letras (1982), Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y Literatura (1983), Mazatlán de literatura (1986). Recibió la presea de la ciudad de México en 1991 y la Medalla Belisario Domínguez del Senado de la República en 1994. Leer y disfrutar su obra en estos tiempos críticos sería un alivio para el espíritu.

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