Edicion : 9385 sábado, 4 de abril de 2020 Edicion Archivada

Opinión


Por : Rafael Domínguez Rueda 

Revista de la Semana


Publicada:  25 marzo, 2020 -- Actualizada: 25 marzo, 2020

El momento que estamos viviendo me trae a la memoria el conocido poema hecho canción: El tiempo de Renato Leduc, que empieza con esta sentencia: “Sabia virtud de conocer el tiempo”. A Renato Leduc lo conocimos hace poco más de cincuenta años. Sus lugares preferidos: cantina La Jalisciense, la Reforma o el Café La Habana en la ciudad de México, donde departía con sus amigos “en torno de una mesa de cantina”, como dice Guillermo Aguirre y Fierro. 
Por cierto, Leduc recordaba haber escrito dicha poesía, a raíz de que un compañero lo retó a hacer versos que rimaran con la palabra tiempo; esta palabra no tiene otra consonante que haga rima con ella, lo que no sabía Renato y por lo mismo perdió la apuesta. De ahí que se propuso a hacer el poema, con ese tema. Él lo elaboró de cinco cuartetos; sin embargo, Octavio Paz le sugirió quitar seis renglones para que quedara el soneto.
Así pues, en este tiempo (“como dice el refrán: dar tiempo al tiempo”) estamos viviendo tiempos difíciles. Aunque nos tocó vivir la epidemia del A(H1N1) en el año 2009, esa no tuvo la dimensión planetaria que tiene el nuevo coronavirus. Ahora nos enteramos que la mayor amenaza para nuestra salud y la de todo el planeta no son la criminalidad ni la violencia, sino un minúsculo virus de efectos devastadores.
El problema es que dicho coronavirus es como el ladrón que llega cuando menos se espera y entra a nuestro cuerpo silencioso, sin avisar y sin que nos demos cuenta. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), “se propaga principalmente por contacto directo (un metro) con una persona infectada cuando tose o estornuda, o por contacto con gotitas respiratorias (saliva o secreciones nasales)”.
La OMS agrega: “La mejor manera de prevenir la infección es evitar la exposición al virus y mantener una correcta higiene. Hay medidas preventivas que nos atañen a todos: evitar el contacto cercano con persona enfermas, evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca con las manos sin lavar, lavarse frecuentemente las manos con agua y jabón por al menos 40 segundos, usar un desinfectante de manos –que contenga al menos un 60 por ciento de alcohol- si no hay agua y jabón disponibles para lavarte”.
La OMS explica: “Si está enfermo, para evitar la propagación de la enfermedad respiratoria a los demás, deberá quedarse en casa. Cubrirse la nariz y la boca con pañuelo desechable al toser o estornudar y luego tirarlo a la basura. Limpiar y desinfectar los objetos y superficies que se tocan frecuentemente. Las mascarillas no sirven para pacientes sanos. Sólo deben ser uisadas popor pacientes contagiados”.
Si lo dijo la OMS tenemos que hacer caso, la mejor protección es el aislamiento; no faltaré quien me diga: ¡Qué aburrimiento estar en casa!
No piensen así, queridos lectores. En primer lugar, debemos quedarnos en casa el mayor tiempo posible y eso va a ayudar mucho para no contagiarnos y, sobre todo, para convivir y estrechar los lazos familiares. En segundo lugar, esto es una excelente oportunidad para hacer cosas que tenemos endientes, como: remodelar un poco la casa, cambiar de lugar los muebles, pintar la recámara, limpiar la cocina, revisar el librero, poner en orden los libros y por supuesto será la ocasión para que en calma lean aquel libro que quedó sobre la mesa sin leer.
“Sabia virtud de conocer el tiempo”, esto quiere decir que en lugar de quedarnos apoltronado en el sillón frente al televisor, decidamos ponernos a revisar el ropero seleccionar la ropa que usamos y separar la que ya no usamos para regalársela al que surte el agua o al que recoge la basura; revisar las medicinas y tirar las que ya están caducas.
Se puede pensar que el señor Presidente, cuya ignorancia en el asunto es enciclopédica, como buen prestidigitador piensa que una estampita, un trébol o un dólar le va a proteger del mal, aunque muchos pensemos que, ladino como es, pretende desviar la atención para que se comente su gracejada  y no las carencias en cuidado a la salud. Eso mismo ocurrió con motivo de la marcha feminista del día 8 y la ausencia de las mujeres en el día 9; “se le olvidó que había la marcha feminista y publicitó su sorteo estúpido en un afán de desviar la atención.
Como ven amigos, hay mucho que hacer. O sea, que no hay tiempo para aburrirse; a menos que usted “ignoraba aún que el tiempo es oro. Cuánto tiempo perdí, ay, cuanto tiempo”. Vivamos –no con pánico- el coronavirus con optimismo y si nos cuidamos, seguiremos adelante y viviremos sin sentir “jamás correr el tiempo”. 

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