Edicion : 9349 viernes, 21 de febrero de 2020 Edicion Actual

Opinión


Por : José Rodríguez Salgado 

La amistad, tema de hoy .A Zenón Bustos Roldán, amigo incondicional (RIP).

Presencias y evocaciones


Publicada:  13 febrero, 2020 -- Actualizada: 13 febrero, 2020

Vivimos sin reserva alguna, tiempos complejos. Asuntos del mercado y los variados intereses económicos gobiernan al mundo de los negocios; la lucha por el poder domina la política. En ambos casos queda muy poco espacio para las relaciones personales sinceras. Además la modernidad nos impone una mutación perpetua. Nadie puede permanecer inmóvil contemplando el pasado. La amistad por ejemplo es un componente esencial de nuestra vida. Para Aristóteles, hace más de dos mil años, distinguía dos tipos de amistad, “la que se funda en la utilidad y la que se sostiene en la virtud, siendo esta última la única que merece el nombre de verdadera amistad”. También en esa época la amistad entre los políticos sólo era a menudo una forma de cálculo de conveniencias.
John M Reisman, reconocido como autoridad en la materia, después de analizar una extensa bibliografía sobre el tema, emitió la siguiente definición: “amigo es aquel a quien le agrada hacerle bien a otro y desea hacérselo y considera que sus sentimientos son correspondidos”. Con esta definición Reisman ubica la amistad en el mundo de los sentimientos altruistas y sinceros. Es imposible confundirla con el interés, el cálculo o el poder. Tomás de Aquino escribía, “amor es querer hacer feliz a los demás”.
En el lenguaje corriente la palabra amistad se utiliza para señalar al socio, al conocido, a la persona simpática, al vecino, al colega, a todos aquellos que están cerca de nosotros. Antiguamente se hablaba de que un amigo personal es aquel a quien queremos y nos quiere bien. Los especialistas fundan la existencia de la verdadera amistad en una forma de amor entre las personas y también sostienen que en esta materia se debe tener presente un ideal, una utopía.
Mi maestro y amigo el colimense José Reyes Pimentel, pontificaba: “quien dejó de ser amigo, nunca lo fue”. Lo que entendemos es que la amistad exige cierta reciprocidad. En la amistad por tanto no hay lugar para el odio. Si alguien odia a un amigo, ya no es su amigo. Si un amigo nos malentiende, todo termina.
El insigne escritor Carlos Fuentes en su autobiografía literaria, obra brillante de ensayista puro, afirmaba al respecto que, “la amistad es la gran liga inicial entre el hogar y el mundo. El hogar, feliz o infeliz, es el aula de nuestra sabiduría original, pero la amistad es su prueba”. La recibimos en la familia y la confirmamos en la amistad. Es decir el abandono del hogar sólo tiene la recompensa en el fenómeno que llamamos amistad. Es más, sin ella la morada interna se derrumbaría, porque abre el camino a los sentimientos.
Para Byron, la amistad “es tristemente el amor sin alas”. En el amigo se afirma la sabiduría popular, hay que recibirlo con alegría y despedirlo con prisa. Si es huésped, reza la conseja “a los tres días, como los cadáveres, apesta”. Dos edades abren y cierran la experiencia: una es la edad juvenil y otra la senil. ¿Quién no recuerda a los amigos de la infancia, a quienes tenemos presente no obstante el paso de los años? Observemos además otra dimensión de la amistad: la solidaridad. Los grupos de amigos con el tiempo se separan por mil y un motivos, los íntimos amigos de la juventud pueden convertirse en los más alejados e indiferentes fantasmas de la edad adulta y es que no hay nada más traicionable que la amistad.
Si enumeráramos a los amigos perdidos, la lista sería inmensa, por distintos motivos: odios, rivalidad, pero también épocas distintas, diríamos muertes. William Blake afirmaba de manera inconfundible: “tu amistad me hiere demasiado”. Hubo un pintor a quien le escuché que cada vez que pintaba un cuadro, perdía a un amigo. Canning, famoso canciller británico solía decir “sálvame del amigo sincero”, sería tal vez porque en la diplomacia y en la política confiar en la amistad era exponerse al error.
Alentemos la auténtica amistad, establezcamos empatías y gocemos de afinidades. Obsequiar y recibir serenidad sería obligarnos a una disciplina espartana para mantener la amistad incólume. Compartir sanamente las mejores horas, reír con ellas y aceptar y ser aceptados sería una buena pauta. No hablar mal de los ausentes, desterrar las envidias, los celos, los temores. Las diferencias deben reforzar la amistad y el respeto mutuo. El trato entre amigos no admite ambiciones, intolerancias o mezquindades. Amistad es modestia digna, imaginación y generosidad. Además tengamos presente que este milagro existe porque se cosecha, se cultiva. Amistad, es confianza y respeto.

Copyright: Diario 21

e-Paper

VER ACERVO