Edicion : 9289 viernes, 6 de diciembre de 2019 Edicion Actual

Opinión


Por : Rafael Domínguez Rueda 

Revista de la Semana


Publicada:  04 diciembre, 2019 -- Actualizada: 04 diciembre, 2019

El pasado domingo primero de diciembre, AMLO celebró un año de gobierno con bombo y platillo, pues, en vez de dedicarse a gobernar, prefiere seguir en campaña, ya que así mantiene a su grey; pero si analizamos a conciencia el año de gobierno transcurrido nos encontramos con un déficit entre expectativas y realidad,  ya que es evidente un retroceso en todos los órdenes.

Cuando tomó posesión, ofreció que en seis meses habría resultados. A un año, casi no hay, por ello pide de plazo otro año. Así nos va a llevar todo el sexenio.

Por qué nos va a llevar así. Veamos: Salud, de mal en peor; Seguridad, supeditada a la delincuencia; Economía, sostenida por alfileres; Cultura, en bancarrota; Derechos Humanos, acotados; Educación, un desastre; Gobernación, sin brújula; Relaciones Exteriores, ambivalente. Diputados y Senadores, a los pies del presidente; Empresarios, convenencieros.

En sus largos años de opositor, AMLO solía decir: “Se puede engañar al pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”. Ahora que es presidente, se le puede aplicar muy bien esa frase, pues sin ningún escrúpulo miente todos los días.

Por eso ahora hay que decirlo con toda claridad: estamos viviendo una forma de corrupción peor que los anteriores sexenios, ya que es más nociva, vulgar y peligrosa.

Los anteriores gobiernos robaban dinero; el actual, no sólo eso, sino además violan las leyes, se apropian de las instituciones y se confabulan con los grandes empresarios para hacer obras entre “cuates”, ya que no se someten a concurso, sino se asignan.

La ley Bonilla es un claro ejemplo: equivale a descalificar de todas y cada una de las instancias que han intervenido en la creación del esperpento. Vale decir: el Congreso de Baja California, el Tribunal Electoral local y federal, la Secretaría de Gobernación y, desde luego, AMLO quienes consintieron la evolución de este despropósito haciendo como que no es asunto de su competencia, sino de la Corte.

Otro caso, el de la Comisión Nacional de Derechos Humanos es un evidente ejemplo de esa nueva y ominosa corrupción que no vacila en violar flagrantemente la ley con tal de agrandar sus espacios de poder y fortalecer su control sobre el país. Los regímenes que en otras naciones han actuado así han terminado en dictaduras.

Es evidente que México no logró despegar en el primer año de AMLO, al terminar con la cartera de seguridad desastrosa, una economía débil y numerosos retos. El PIB cayó a un 0.1%, muy lejos de su promesa de hacer crecer la economía a una tasa promedio del 4%.

Sus promesas de crecer más, atajar la desigualdad, combatir la corrupción y salvar el TLC siguen igual, si no peor, ya que no sólo no hemos crecido sino estamos al borde de la recesión; tampoco se ha hecho nada por la desigualdad, pues los pobres siguen abandonados y el dinero que destina para el desarrollo social va a dar a los ninis y a los adultos mayores que lo siguen; en cuanto a la corrupción, en el periódico EL UNIVERSAL de antier, se lee: “En CFE se roban hasta los tornillos. Hurtos hormiga suman 75 millones de pesos en 9 meses de 2019. Se llevan desde mangueras hasta vehículos de la empresa”. Y el TLC sigue en el escritorio de Trump.

Alguien me preguntaba cómo explico las multitudes del Zócalo capitalino. Yo les digo: Regocijarse con el acto multitudinario es un escape falso a la dificultad que significa gobernar. De ahí que artistas que votaron por él, ahora lo critican, como: Giovanna Zacarías “Estoy aterrada. Voté por él, pero Morena es la misma porquería”; Héctor Bonilla “No ha cumplido con mis expectativas”; Giménez Cacho “”Quiero que el gobierno tenga éxito, pero veo concentración de poder”; y Joaquín Cosío “Lo trágico es que la oposición es tan patética que volvería a votar por él”.

Con un pueblo proclive al culto patriarcal, la aparición de un Tlatoani nos aleja de la madurez democrática y le abre el camino a un caudillo. La instauración de la 4T, el anhelo de trascender, el deseo de borrar el pasado, le resta energía y visión a la tarea de gobernar.

Lo grave es que hasta en el extranjero nos ven con malos ojos. El pasado viernes 30 de noviembre, Mario Vargas Llosa en una conferencia impartida en la CDMX, dijo: “temo muchísimo que populismo que parece realmente la ideología del actual presidente de México, nos conduce otra vez a la dictadura perfecta o imperfecta, dictadura al fin y al cabo”

No fue lejos por la respuesta, porque Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente e historiador, le ganó la intolerancia, la insensatez y se dio con la piedra en la boca, al escribir un Facebook: “Me temo muchísimo que el fanatismo y el dogmatismo que parece la ideología de algunos, nos conduzca otra vez al panfleto perfecto”. Tiene razón Gutiérrez Müller: el fanatismo y el dogmatismo –y la propaganda- de AMLO nos está conduciendo a ese escenario panfletario, agresivo, mentiroso, como el montado cotidianamente por el poder y sus prosélitos, con sus medias verdades, mentiras, tergiversaciones, con hechos tan deplorables como como la fraudulenta elección de la presidenta de la CNDH y demás señaladas líneas arriba.

No es que veamos las cosas en forma negativa, pero si el gobierno persiste en acosar a la prensa independiente, difamar a los críticos y debilitar hasta doblegar al INE, nuestra democracia entrará en proceso de demolición. Habrá que resistir ese atropello. Y, de ser necesario, reconstruir la democracia desde los cimientos.

Copyright: Diario 21

e-Paper

VER ACERVO