Edicion : 9269 viernes, 15 de noviembre de 2019 Edicion Actual

Opinión


Por : José Rodríguez Salgado 

Presencias y evocaciones


Publicada:  07 noviembre, 2019 -- Actualizada: 07 noviembre, 2019

Una educación con contenido humano

A Lucero Lozano, por su ejemplar magisterio y vocación literaria.

Seguramente usted amigo [email protected] tiene hermanos, hijos, sobrinos, nietos o amigos adolescentes o jóvenes y por lo mismo viven lo que se llama “crisis de la edad”. Esto es motivo de justificada preocupación por los efectos determinantes para la integración de la personalidad y que impactan naturalmente en el individuo, la familia, la escuela y el entorno social. Este asunto debe ser revisado con fino escrutinio por el cúmulo de factores que intervienen en la formación integral de ese sector. Las desviaciones metodológicas en la escuela y las aberraciones familiares enajenan a muchos jóvenes y los alejan de anhelos superiores y que obviamente impactan al núcleo social del que proceden.

Esto provoca hondas reflexiones alrededor del sistema educativo en general. Se aspira a un modelo de sociedad donde los jóvenes de hoy puedan vivir y luchar. Para estos efectos deben desarrollarse los elementos que les permitan recoger y enaltecer la herencia social. Quienes asisten a las escuelas deben ser educados para el hacer creador y productivo, pero para ejercer una profesión concreta. Lo deseable es proporcionar a ese quehacer un profundo contenido humano, con sólidas bases culturales, que se reflejen en el proceder y en la conducta futura.

Efectivamente, con la educación se adquieren habilidades para el trabajo y también se transmiten conocimientos, modos de vida, hábitos y costumbres. Lo anterior obliga a reorientar el proceso educativo para generar la idea de que la ciencia, la técnica y la cultura, no sólo sirven para ganar dinero, sino primordialmente para luchar y hacer realidad los más altos ideales. Se requiere formar profesionistas socialmente útiles, para afianzar la justicia, extender los beneficios de la libertad y promover el bienestar general. Lo que finalmente se busca es redituar en el pensamiento y en la acción, para edificar un México equilibrado y próspero.

La vida se torna extremadamente complicada por lo que es inaplazable transmitir a las nuevas generaciones experiencias y sabiduría, capacidades, aspiraciones, poderes e ideales que permitan acceder al conocimiento preciso y logren una correcta inserción al medio social y a eso que llamamos cultura (recoger y dominar el vasto contenido de la creación humana). Lo más importante es la atención a los jóvenes para crear y recrear valores; fundir y amalgamar el pensamiento, la voluntad y el corazón de todos los mexicanos que aspiran una vida más satisfactoria, menos difícil y más humana. 

Es evidente el anhelo de que debe mejorarse la disciplina por un comportamiento más orgánico y funcional. De unos años a la fecha la organización y la práctica se han separado de los ideales y valores en el ámbito educativo. Se percibe una honda crisis de autoridad y los métodos caciquiles de mando que muchos aplican, son anacrónicos y por añadidura provocan anarquía y terror. En buena proporción priva la sumisión, con espíritu rígido administran sus impulsos y como respuesta se producen conflictos.

Todos quieren un ambiente adecuado para vivir y aceptar la democracia y que su opinión cuente. El orden y el trabajo no deben imponerse por la fuerza. La disciplina y las limitaciones a los excesos merecen tratamiento especial, impulsar ideales colectivos y los bienes del humanismo. Lo deseable es que nuestros centros educativos ofrezcan una educación integral para que desarrollen el carácter tan necesario y tengan éxito en la vida real, adquieran lo que la psicopedagogía llama consciencia y destino.

De paso recuerdo un pensamiento de André Maurois en “El arte de trabajar”: …Dediquemos la vida a acciones y sentimientos que valgan la pena, a pensamientos elevados, a afectos sólidos y a empresas duraderas. Ciertamente la vida es corta para empequeñecerla…

A manera de conclusión apunto que la educación es el mejor vehículo para afinar el equilibrio psicológico. Adquirir una personalidad normal es sólo el principio de nuevos y constantes esfuerzos que la lleven por un camino de permanente superación. Ojalá nuestros maestros profundicen en la teoría y fortalezcan su práctica de todos los días. Qué más pudiéramos pedirles.

Noviembre 07 de 2019.

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