Edicion : AA martes, 19 de noviembre de 2019 Edicion Actual

Opinión


Por : Álvaro Venegas Sánchez 

Claman violencia, no prudencia


Publicada:  21 octubre, 2019 -- Actualizada: 21 octubre, 2019

Venía y llegó la pregunta sobre los hechos del jueves 17 de octubre en Culiacán. Esta vez, con semblante adusto, el presidente respondió: No, no, no fue una derrota. Hubo una decisión que tomó de manera colegiada el gabinete de seguridad y yo estuve de acuerdo, la avalé. Ante la insistencia en detalles y especulaciones, anunció una conferencia para más tarde. La hubo. Y ciertamente, de inicio, la explicación de Alfonso Durazo, respecto a la decisión de soltar a Ovidio Guzmán y retirarse, causó asombro e impresión de debilidad institucional. Empero, valorada la información y el riesgo de un perjuicio mayor a la población en general de haberse hecho lo contrario, efectivamente el gobierno federal, Culiacán y el país entero, estarían en otra condición; más difícil, no celebrando.

Por algo la reacción oportuna, no oportunista, de legisladores, líderes de partidos y mandatarios estatales de distintas fuerzas políticas. Pronunciando respaldo al presidente y a las fuerzas de seguridad. El PAN, en cambio, de inmediato señaló que el crimen organizado derrotó al Estado. Para sorpresa, Javier Sicilia, sumó su voz en este mismo sentido: “ante la grave humillación de la nación”, pidió la renuncia de Durazo y del responsable del operativo. No sabemos si Acción Nacional nada más reclama eficiencia o ¿aplaudirían si la decisión hubiera sido sacar el operativo a sangre y fuego? ¿No importaría a ellos, el saldo en pérdida de vidas? Para más, la diputada Laura Rojas, presidenta de la Cámara, pidió a Obrador una explicación amplia al Congreso de la Unión. La disonancia, por supuesto, es normal. Lo importante en todo caso es que tanto en las fuerzas armadas como en el equipo gobernante no hay desmoralización. En la propia capital del estado de Sinaloa, los ciudadanos hacen esfuerzos de volver a la normalidad con la idea de que no están solos.

En el libro, Los saldos del narco, Rubén Aguilar y Jorge Castañeda registran: “la sociedad piensa mayoritariamente que la guerra ha sido un fracaso y también que se perdió. Cuando Calderón la decretó el país vivía la menor violencia de su historia y no había problemas con el consumo de drogas”. “México es país de tránsito y productor, pero no consumidor, a diferencia, por ejemplo, de Brasil”. El libro empezó a circular en 2012, meses antes de que tomara posesión Enrique Peña Nieto. Concluyeron proponiendo repensar las políticas punitivas y prohibicionistas, y reorientar esfuerzos y recursos hacia el combate a la violencia. Sin embargo, la estrategia continuó siendo la misma durante todo el sexenio peñista. Pues la estrategia, dice AMLO, cambió: “hoy se trata de combatir las causas y no apagar el fuego con más fuego”. “Es lo que todavía no se entiende”. “Nuestros adversarios quieren que sigamos haciendo lo mismo, aquello que causó tanta tragedia, hizo del país un gran cementerio y demostró que fue un fracaso”. “No lo vamos a hacer”.

Cierto. Han pasado tantas situaciones que tal vez perdimos la capacidad de asombro. Una tras otra a cuál más impactante e incomprensible; en la zozobra quizás fuimos percibiéndolas como normales. Permeó la idea de existir incapacidad y sobre todo complicidad entre el crimen organizado y las autoridades. ¿Qué no pensó cualquier ciudadano de la espectacular fuga de El Chapo, del centro penitenciario de Puente Grande, y en seguida del penal considerado de “máxima seguridad” del Altiplano? No ha importado, desde luego, lo que piense o intuya la gente de a pie. En otro tiempo, hasta llegaron a inventar la existencia del “Chupacabras” y se valieron de La Paca, supuestamente una médium, para indagar y aclarar un crimen.

El presente, tampoco hay que minimizarlo. Es preocupante. Exfuncionarios de la DEA, organismo de inteligencia del país vecino, proveedor de armas, que procura siempre quedarse con el dinero que decomisa y a México asigna la dolorosa tarea de poner los muertos, afirman que lo que hizo el presidente de la República, al soltar a Ovidio, se entiende como una claudicación; fue decirles a los criminales: ustedes mandan en Sinaloa. Otros expertos, también consideran que AMLO transmitió un mal mensaje de debilidad: los demás cárteles ya estarán considerando qué hacer cuando sean detenidos o acorralados por las autoridades. Peor todavía, uno de estos expertos califica de laxo al gobierno con sus amigos: “la CNTE puede tomar las calles y premiar a sus afiliados; los normalistas pueden secuestrar a 92 personas y robar camiones y no hay, dice, ninguna carpeta de investigación”; asimismo, cuestiona, “se les dan las plazas que querían para enseñar a los demás que lo que hay que hacer es delinquir para obtener lo que quieres”.

Ni modo. Lo acontecido en Culiacán, dio para mucho y para todo. Y como al momento de reflexionar y escribir discuto solo, quiero cerrar preguntándome: si AMLO de veras ya claudicó, demuestra debilidad, lo doblegaron, su estrategia para mejorar la seguridad no sirve, y además su partido anda perdido en reyertas internas ¿qué sigue? ¿Qué proponen y quieren los malquerientes para que deje de estorbar? Él, al proponer la revocación de mandato, argumentó que el pueblo no tiene por qué aguantar seis años a un presidente corrupto o inepto. ¿Por qué obstaculizaron tanto y aprobaron que la consulta sea hasta después de las elecciones del 2021?

Iguala, Gro., octubre 21 del 2019.

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