Edicion : AA martes, 19 de noviembre de 2019 Edicion Actual

Opinión


Por : Efraín Flores Iglesias 

Contexto Político


Publicada:  21 octubre, 2019 -- Actualizada: 21 octubre, 2019

El día en que el Estado se doblegó ante el narco

La detención y posterior liberación de Ovidio Guzmán López “El Ratón”, hijo de “El Chapo Guzmán”, la tarde del jueves 17 en Culiacán, Sinaloa, exhibió la debilidad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para combatir al narcotráfico.

Mientras los integrantes del gabinete de seguridad caían en contradicción por lo que ocurría en la capital sinaloense, el titular del Poder Ejecutivo federal prefirió guardar total silencio.

La opinión pública nacional e internacional condenó su cobardía. Y no era para menos, pues quedó demostrado que su estrategia de “abrazos, no balazos” es una falacia. Ni el “fuchi” ni el “guácala” les sirvió a los elementos de la Guardia Nacional para defenderse de los sicarios del Cártel de Sinaloa que los superaban en número y en armamento.

"Soltaron al patrón, nos retiramos... ya no tiren bala, plebada", informó y ordenó vía radio frecuencia un lugarteniente de Ovidio Guzmán, luego de que éste fuera liberado.

Minutos después y en entrevista para Milenio Televisión, José Luis González Meza, abogado del Chapo Guzmán, confirmó que 'El Ratón' estaba sano y salvo.

El único que balbuceó una respuesta fue el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño, quien para justificar la humillación de la que fue objeto el Estado dijo: “se salvaron vidas”.

Si realmente al gobierno federal le interesaba salvar vidas en Sinaloa, ¿por qué carajos no diseñaron una estrategia adecuada para detener al hijo del Chapo Guzmán?

Al día siguiente de los hechos, el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval González, admitió que el operativo fue “precipitado” y “mal planeado”, y confirmó que la acción se realizó derivado de una orden de aprehensión con fines de extradición.

El mensaje que el gobierno de López Obrador envía a los delincuentes del país es aterrador, de zozobra. De ahora en adelante, si un presunto delincuente es detenido por las fuerzas federales, sus subordinados y/o aliados ya sabrán qué hacer: generar violencia y tomar a la población como rehén. Al final de cuentas, el comandante supremo de las Fuerzas Armadas ordenará su liberación, le pedirá disculpas y le solicitará no generar más violencia.

En su conferencia matutina del viernes 18, el presidente aseguró que la decisión de liberar a Ovidio Guzmán la tomó el gabinete de seguridad y él avaló esa determinación para evitar el derramamiento de sangre.

“No puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas. La decisión la tomó el gabinete de seguridad, de manera conjunta, colegiada, de los secretarios de la Defensa, la Marina, y de Seguridad Pública, yo respaldé esa postura porque considero que lo más importante es la protección de las personas. Lo más importante es que no haya muertos. Lo más importante es la paz”, sentenció.

Insisto, si realmente se privilegió la vida, ¿por qué su gabinete de seguridad instrumentó un operativo que puso en riesgo la vida de miles de personas?

Desde Culiacán, el ex diputado federal Manuel Clouthier Carrillo, a través de Twitter comentó: “Hoy los narcos en Sinaloa están de fiesta, agarraron de los huevos al Presidente, lo midieron!!! (sic)”.

Durante 30 años López Obrador vivió en la comodidad de la campaña, tiempo en que se la pasó cuestionando a todos los que en ese período gobernaron al país. Y cada vez que el El Chapo Guzmán se fugaba de las prisiones de alta seguridad o la violencia se disparaba en el país, siempre tenía listo un tuit.

El 14 de julio de 2015, por ejemplo, posteó: “Si cuando menos no renuncia el gabinete de seguridad, va a quedar la idea de que hubo complicidad hasta el más alto nivel en la fuga del Chapo”.

Dos años después (13-V-2017) opinó: “Napoleón decía: Si el crimen y los delitos crecen, es evidencia que la miseria va en aumento y que la sociedad está mal gobernada. Aplica”.

Y no solo eso. Junto con sus seguidores tomó pozos petroleros en Tabasco; encabezó manifestaciones violentas en varios estados; instaló un plantón en el Paseo de la Reforma en 2006, afectando de esa manera la economía de la Ciudad de México, y en 2012 avaló a candidatura de José Luis Abarca Velázquez como candidato del PRD a la Alcaldía de Iguala.

También utilizó las redes sociales para dividir a los mexicanos en buenos y malos, en liberales y conservadores, y en chairos y fifís.

Ahora que está en el poder la realidad lo alcanzó, no sabe qué hacer, más que expresar o sacar frases chuscas de la manga para atacar a sus adversarios políticos y a los medios de comunicación que no se someten a eso que él llama "Cuarta Transformación".

Se preparó para ser candidato a la primera magistratura del país en tres ocasiones, pero no para ser un buen presidente. Lo digo porque es la hora que no encarcela a ningún ex presidente corrupto y le tiemblan las corvas para enfrentar al crimen.

El jueves 17 de octubre será difícil de olvidar. Quedará marcado como el día en que el Cártel de Sinaloa, al que se creía debilitado, resurgió con un poderío tal que acabó sometiendo al gobierno de la Cuarta Transformación.

Sin lugar a dudas, su sexenio será histórico, pero por su ineptitud y arrogancia.
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