Opinión


Por : Rafael Domínguez Rueda 

Revista de la Semana


Publicada:  09 octubre, 2019 -- Actualizada: 09 octubre, 2019

Como una caravana en el largo desierto de los siglos, pasaron los 365 días de la movediza administración municipal de Antonio Jaimes Herrera. Entre su exótico bagaje trajo toda suerte de acontecimientos cuya relación sería prolija: alegría, penas, triunfos y sorpresas. Alegrías, pues, como dijera la señora Teresa Membrila el 30 de septiembre pasado, en la Inauguración del Taller de la Creatividad, “cuando está terminando una actividad la Dirección de Cultura, la Dirección de Educación sigue con otra y en seguida la ofrece el DIF municipal”; o penas, como la que protagonizó el Cabildo o triunfos alcanzados por la sociedad civil; sorpresa causó la liberación de la mayoría de los presos por los 43; pero, sobre todas las cosas, gracias a la labor persistente, la recomposición del tejido social ha permitido a los igualtecos, como nuevo Prometeo empuñar la antorcha del progreso que ha sido su bandera a lo largo de cuatro siglos.

No obstante el estado de inquietud por el que atraviesa el mundo, Iguala como una isla rodeada de tranquilas aguas vive una época sosegada. Y es que, Iguala, sin grandes alardes, serena, calladamente, pero con paso firme continúa su marcha evolutiva para alcanzar metas de indiscutible provecho que se traducen en el bienestar de sus habitantes.

Claro ejemplo de la fraternidad igualteca ha sido el desarrollo del Festival Cultural Yohuala celebrado la semana pasada, en el que gracias a la buena disposición, entusiasmo y experiencia de quienes realizaron sus proyectos culturales se logró que la fiesta del espíritu haya resultado alegre, novedosa, concurrida y llena de colorido.

El día 3, a las 3 de la tarde, el señor presidente inauguró el mural del Bicentenario en la calle de Joaquín Baranda; de ahí, la primera autoridad se trasladó al Museo del Ferrocarril para inaugurar, a las 4, la exposición de dibujo, fotografía y grabado; llegó a la Explanada a las 5, donde encabezó el recorrido que la Tuna de la UAGro realizó por el Centro Histórico anunciando el inicio de la Fiesta, volviendo a la Explanada, en donde a las 18.30 declaró oficialmente inaugurado el Festival

Ese mismo día, a las 19.00 horas y en el Auditorio Municipal se presentó exitosamente la dramatización “Guerrero a través del tiempo”.

El día 4, día del Santo Patrón, los tradicionales carros alegóricos del desfile chusco, que han sido siempre la alegría y la nota de colorido del ¡Día de los Locos”, como fiesta profana, volvió a ser en este año el imponente y hermoso espectáculo que representa el rosario de carros en los que las estampas bíblicas, históricas o simbólicas dan vida a las figuras plásticas, imágenes centrales de cada carro.

No puedo imaginar que haya una fiesta del espíritu en Iguala si no pudiéramos contemplar la imagen del Santo Patrón presidiendo el desfile o el cuadro plástico de la fundación de la Ciudad o el que anuncia que la paz en Iguala está en movimiento; o el que iba anunciando su actividad, estampas que dan identidad.

El Festival se manifestó en las calles igualtecas, en los espacios públicos y llegó hasta las colonias y una comunidad, como una corriente impetuosa de júbilo, entusiasmo y alegría populares.

El folklor tuvo su máxima expresión en la Explanada; la música se desbordó en el Monumento a la Bandera; la literatura brilló en el Museo de la Bandera; la sana diversión se vivió en el Hemiciclo a Juárez con los Juegos Tradicionales; los talleres de la Creatividad. Dibujo, Fotografía y Grabado se vieron concurridos; la Gastronomía vino a dejar un buen sabor de boca en el Zócalo

Siempre sustentaré que la Cultura vista como simple danza, música o poesía resulta un bien suntuario; sin embargo, es más que simple espectáculo, es un bien sustentable, pues proporciona alegría y distracción al público; ofrece evolución y motivación al artista; a la sociedad le da altura y la comunidad se ve beneficiada por la derrama económica y la recomposición del tejido social.

El Museo de la Bandera, como pocas veces, desde las diez y media de la mañana hasta las cinco de la tarde, no sólo se vio abarrotado, sino concentró a lo más granado de la literatura: Juan Sánchez, el escritor más leído de México, Lorenzo Esteban Palacios, el poeta que canta; Silvia Huicochea Martínez demostrando sus dotes de oradora, declamadora y cantora; Juan Arellano Viveros, demostrando su altura de poeta y el arte polifacético, alegre y grandilocuente de la Generación de la escuela secundaria experimental número 2 que vino a demostrar que es el Grupo más unido, más brillante, más triunfador que ha dado Iguala.

He expresado que el Festival ha arraigado en nuestra ciudad, pues, saludamos a gente de Chilapa, Tixtla, Chilpancingo, Acapulco, Zihuatanejo, Teloloapan, Taxco. De Cuernavaca, de Puebla, de la CDMX, del Estado de México, Hidalgo y hasta de Tijuana. Eso sólo lo logra el amor al arte y al terruño.

Reseñar en esta Revista de la Semana sucintamente los más de 60 eventos que en 4 días conformaron la XXIV Edición del Festival es un privilegio, pues se lograron los objetivos. Unir a los igualtecos, proporcionar esparcimiento y mostrar al mundo la imagen cultural de Iguala.

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