Edicion : a domingo, 8 de diciembre de 2019 Edicion Actual

Opinión


Por : Antonio León 

Palabrerío


Publicada:  10 septiembre, 2019 -- Actualizada: 10 septiembre, 2019

¿El presidente municipal obrará de mala fe a propósito?, ¿o será que no encuentra el camino que lo conduzca al bien hacer? Tal vez quiera ser bueno, pero se encuentra balanceándose en un vértigo de incertidumbre, porque no está seguro si su triunfo electoral se lo debe  a los manipuladores de tribus o a López Obrador. Tal vez se encuentre alarmado e indeciso porque no se ubica en lo que pretende Andrés Manuel desde la presidencia de la República, y lo que él desea para la bonanza de su futuro particular, porque en las próximas elecciones AMLO ya no estará en las boletas, así que si aspira a otro puesto de representación popular o si pretende catapultar a su distinguida esposa a una candidatura, tendrá que participar con capital político propio, y como no tiene el suficiente como para participar con reales posibilidades de ganar, pues tendría que echar mano de los lucradores sociales que nutren a sus tribus transitando por la ilegalidad, y por eso los tiene ahí, encaramados en la administración municipal, sin méritos para los cargos que ocupan.

Sus estrategias de gobierno hasta ahora han generado suspicacias en cuanto a lo que dice en su discurso y lo que en realidad pretende, y por mucho que publicite lo bueno que hace en el municipio, siempre hay partículas del mal que lo enturbian, como la falta de austeridad en su gobierno, ocultar los sueldos de los ediles y funcionarios de primer nivel así como el resto de la nómina, nombramiento de funcionarios conocidos por su falta de moral en la función pública, y falta de transparencia en el manejo del erario.

¿Sería una buena persona el presidente municipal antes de entrar a la política? Supongo que sí, porque dicen que a la inmensa mayoría el poder los corrompe, y ya estando adentro tal vez encontró a personas que le dijeron fórmulas secretas y atrayentes para hacerse de utilidades extraordinarias pero turbias y nada despreciables, entonces perdió varias batallas entre el bien y el mal, inclinándose la balanza hacia el mal y batiéndose en retirada en la persecución de nobles ideales.

¿Por qué se es tan indefenso ante la tentación de obrar bajo las sombras de la maldad? Tal vez porque es más fácil ser malo que bueno, ser bueno implica sacrificio, y el sacrificio en el esoterismo significa “oficio sacro”, es decir, “oficio sagrado”. Mientras que para obrar mal tan sólo basta el querer hacerlo.

El presidente de Iguala podría vestirse de héroe y salir aclamado por el pueblo, pero para ello tendría que ser una copia fiel de López Obrador, bajarse el salario en un 60% con respecto al del presidente anterior como lo hizo AMLO y hacer lo mismo con los síndicos, regidores y funcionarios de primer y segundo nivel, hacer pública la nómina y transparentar el gasto del erario, para que el pueblo esté enterado en qué se gasta su dinero como es su derecho. Ceñirse pues bajo la premisa de Andrés Manuel cuando planeó el gasto público para el 2020: “Eliminar todos los gastos innecesarios que no impacten directamente a la población”. Pero lo más seguro es que no lo haga, porque so observa que al presidente de Iguala le quedó grande, muy grande, la filosofía política de López Obrador. Y como ya lo mencioné, es más fácil obrar mal, sólo hay que tener ganas de hacerlo.

Hasta el martes próximo estimado lector.

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