Punctum temporis | Un punto en el tiempo

Por: Netza I. Albarrán Razo

El 3 de febrero de 1962, en uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría, el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, firmó la orden ejecutiva que formalizó el embargo económico, comercial y financiero contra Cuba. Se trató de una decisión que, más de seis décadas después, continúa marcando la vida política, económica y social de la isla, así como la relación entre ambos países.


El embargo fue consecuencia directa del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y del giro ideológico del nuevo gobierno encabezado por Fidel Castro, que incluyó la nacionalización de empresas y propiedades estadounidenses, así como el acercamiento estratégico a la Unión Soviética. En ese contexto, Washington optó por una política de aislamiento con el objetivo declarado de presionar al régimen cubano.


Con el paso de los años, el embargo no sólo se mantuvo, sino que se reforzó mediante nuevas disposiciones legales. Destacan la Ley Torricelli, aprobada en 1992, y la Ley Helms-Burton de 1996, que extendió sus efectos más allá de las fronteras estadounidenses al permitir sanciones y demandas contra empresas extranjeras que operaran en propiedades expropiadas en Cuba.


Desde el ámbito internacional, la medida ha sido objeto de críticas constantes. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha aprobado, de manera reiterada y casi unánime, resoluciones que exhortan a Estados Unidos a poner fin al embargo, al considerar que sus consecuencias recaen principalmente en la población civil. A pesar de ello, la política se ha mantenido como un tema sensible en la agenda interna estadounidense, especialmente en sectores políticos influyentes.


En Cuba, el embargo ha sido presentado por el gobierno como una de las principales causas de la escasez de alimentos, medicamentos y tecnología, mientras que Estados Unidos sostiene que se trata de una herramienta de presión para promover cambios políticos y el respeto a los derechos humanos. Entre ambas posturas, el debate persiste y el impacto cotidiano se refleja en la vida de millones de personas.


A más de 60 años de su instauración, el embargo a Cuba sigue siendo un símbolo de una confrontación ideológica que nació en el siglo XX y que, pese a los cambios del mundo contemporáneo, aún no encuentra una salida definitiva. El 3 de febrero recuerda que algunas decisiones históricas no sólo definen una época, sino que se prolongan como parte de la memoria y de las tensiones no resueltas de nuestro tiempo.