Punctum temporis | Un punto en el tiempo

Por: Netza I. Albarrán Razo

El 22 de enero de 1905, San Petersburgo fue escenario de uno de los episodios más decisivos de la historia rusa moderna. Ese día, una manifestación pacífica de miles de obreros fue violentamente reprimida por tropas del Imperio, en un hecho que pasaría a la historia como el Domingo Sangriento y que marcaría el inicio de la Revolución Rusa de 1905.


La movilización había sido organizada por el sacerdote Gueorgui Gapón, quien encabezó una marcha de trabajadores, mujeres y niños con la intención de entregar una petición al zar Nicolás II. En ella solicitaban mejoras laborales, reducción de la jornada de trabajo, salarios dignos y reformas políticas básicas. Muchos de los manifestantes acudieron desarmados y portando iconos religiosos y retratos del propio zar, a quien aún veían como una figura paternal.


La represión que rompió un mito


Cuando la multitud se acercó al Palacio de Invierno, residencia oficial del zar, las tropas imperiales abrieron fuego. El número exacto de víctimas nunca fue esclarecido: las cifras oficiales hablaban de decenas de muertos, mientras que testigos y opositores al régimen estimaron cientos de fallecidos y miles de heridos.


El impacto del suceso fue devastador. Por primera vez, amplios sectores de la población comprendieron que el zarismo no estaba dispuesto a escuchar las demandas sociales. El Domingo Sangriento destruyó la imagen del zar como protector del pueblo y aceleró el descontento popular en todo el imperio.


El inicio de una crisis irreversible


Tras la masacre, Rusia se vio sacudida por huelgas, protestas, motines y levantamientos campesinos. El régimen de Nicolás II se vio obligado a realizar concesiones, entre ellas la creación de la Duma, un parlamento con poderes limitados.


Sin embargo, las reformas resultaron insuficientes para contener el descontento.


Aunque la Revolución de 1905 fue finalmente sofocada, sus efectos fueron profundos. El Domingo Sangriento se convirtió en un precedente directo de la Revolución de 1917, que pondría fin al régimen zarista y transformaría radicalmente el curso de la historia rusa y mundial.


Un símbolo de la ruptura entre poder y sociedad


Más de un siglo después, el 22 de enero de 1905 permanece como un símbolo de lo que ocurre cuando el poder político responde con violencia a las demandas sociales pacíficas. Aquel día, en las calles heladas de San Petersburgo, se quebró definitivamente la confianza entre el pueblo ruso y su monarquía, y comenzó el camino hacia el colapso del Imperio.