…26 de noviembre de 2025…Día negro…Triste…Amargo…
Un político ha muerto.
Un socorrista ha fallecido
Un galeno ha traspuesto el paralelo del ser y no ser.
Un líder ha terminado su viaje terrenal.
Un hombre se nos ha adelantado…me decía Tere, su esposa “me ha dejado mi compañerito, pero se fue tranquilo, en paz”…
Un amigo nos ha abandonado para siempre.
¿Fue bueno?… ¿Fue malo?… ¿Fue altruista?… ¿Fue emprendedor?… ¿Fue ejemplar?… ¿Cometió errores?… Como todo ser humano, pues no hay hombre perfecto. Y ¿quién de nosotros tiene la autoridad moral para juzgarlo?
¿Quién es tan virtuoso que pueda hablar de las virtudes o de la maldad de los demás?
Entonces, ¿qué hacer ante la pérdida del destacado político, del ejemplar profesionista, del intrépido socorrista, del apreciado amigo?
En primer lugar, en sinopsis, como epitafio, dejar grabados los logros de sus tres facetas más destacadas:
Como político, dos veces presidente municipal de Iguala y Secretario de Salud del Estado de Guerrero.
Como socorrista, donde más brilló, destacado miembro de la Cruz Roja Mexicana. Desde los años 70 del siglo pasado participó activamente en tareas de atención a desastres naturales, rescates acuáticos, espeleólogos y socorrismo. Coordinador estatal de Socorrismo y Emergencia; primer Director de la Escuela Nacional de Operadores de Ambulancias y asesor del Comité Nacional de Desastres. Fundó escuelas de socorristas a nivel estatal y nacional. Por su labor en el sismo de 1985, el presidente Miguel de la Madrid le entregó la Presea «Ciudad de México”. A nivel internacional participó en misiones tras los huracanes Hugo (Puerto Rico) y Andrew (Florida) y el Terremoto de 1994 (Los Ángeles). Coordinó los apoyos de la Cruz Roja Internacional en las inundaciones de Venezuela (1999), que lo convirtieron en el primer mexicano en dirigir una operación de ese nivel. En Guerrero participó en las labores del huracán Paulina y en las temerarias exploraciones en el Pozo Meléndez, dónde descendió.
Como ciudadano será recordado como un hombre amigable, honorable, generoso, que deja un legado invaluable, tanto en la Cruz Roja como en la comunidad igualteca.
En segundo lugar, tener presente exclusivamente la relación que mantuvimos. Hay personas que han llegado a mi vida y se quedan para siempre, no importa la distancia, la ausencia o el tiempo. El doctor no sólo me honró con su amistad, sino me distinguió, por lo que viviré agradecido y en su nombre pontificaré las exequias del afecto, las honras fúnebres del cariño, los requiescat in pace de la gratitud y las rogaciones de la fraternidad sobre el ara sacra de la hermandad espiritual.
Y, en tercer lugar, decirle que, en estos días, en estos momentos tremendos en que el mundo acaba para él y la eternidad comienza, le deseamos que su nueva vida sea de luz, de amor, de auroras sin fin y de gozos beatíficos.
Que sus logros los registró ya el corazón cinerario de la historia.
Que tenemos fe, como Pablo de Tarso de «llegar a contemplarlo cara a cara» en la Patria de los Elegidos, para estrechar aún más los lazos amistosos que en este mundo nos unieron.
Que esperamos confiadamente en que la existencia del «más allá”, será tal y como lo soñó aquí, en la tierra.
Que, sí ahora agitamos negros pañuelos para despedirle, guardamos la esperanza de poder cambiarlos por un manto de estrellas el día sin segundos en que nos reencontremos.
Que, si ahora se nos escapan furtivas y silenciosas lágrimas, éstas se conviertan en notas de cantos dulces en el instante sin fin en que volvamos a vernos en la Tierra Prometida.
Que creemos firmemente en que no todo termina aquí, sino que todo prosigue, todo se extiende más allá de la tumba, que llega a la vida sin horizontes de la eternidad.
Que si es verdad que no estuvimos presentes cuando llegó hasta él la gran hermana, la gran salvadora, la gran bienaventurada, la piadosa hermana muerte, estamos, en cambio, cerca, muy cerca del ataúd que guarda sus restos mortales, y más cerca, mucho más cerca del afecto y de la amistad que nos profesamos.
¡Que vaya bien!
iQue vaya en paz!
iQue vaya tranquilo hacia los nuevos horizontes de luz y…
Que nos espere con la diestra tendida el día sin tiempo en que arribaremos a la nueva morada de la Paz, para recorrer juntos las dilatadas avenidas del hermoso más allá.
¡Que esperamos que así sea!
