Punctum temporis | Un punto en el tiempo

Por: Netza I. Albarrán Razo

El 12 de enero de 1528, Gustav Vasa fue coronado rey de Suecia, un acto que marcó el nacimiento del Estado sueco moderno y puso fin de manera definitiva al dominio extranjero que había condicionado el destino del país durante décadas.


Hasta ese momento, Suecia formaba parte de la Unión de Kalmar, una alianza política que desde finales del siglo XIV había subordinado a los reinos escandinavos bajo la hegemonía danesa. Lejos de garantizar estabilidad, la unión generó tensiones constantes, abusos fiscales y un creciente rechazo entre la nobleza y la población sueca.


Gustav Vasa emergió como líder tras encabezar una rebelión nacional contra el rey danés Cristián II, cuya represión sangrienta —especialmente la masacre de Estocolmo en 1520— consolidó el sentimiento independentista. Tras años de conflicto, la victoria de las fuerzas suecas abrió el camino para su coronación y la ruptura definitiva con Dinamarca.


La llegada de Gustav Vasa al trono no fue solo un cambio de monarca. Su reinado transformó la estructura política del país: fortaleció el poder central, redujo la influencia de la nobleza y promovió la Reforma protestante, separando a Suecia de la autoridad del papado y reorganizando la Iglesia bajo control del Estado.


Estas reformas sentaron las bases de un reino más cohesionado, con una administración sólida y una identidad nacional definida. Bajo sus sucesores, Suecia se convertiría en una potencia regional en el norte de Europa durante los siglos siguientes.


La coronación del 12 de enero de 1528 representó, así, mucho más que un ritual monárquico. Fue el punto de partida de un proyecto político que transformó a Suecia de un territorio sometido a intereses externos en un Estado soberano, capaz de decidir su propio destino en el escenario europeo.