Edicion : 8749 viernes, 25 de mayo de 2018 Edicion Actual

Opinión


Por : Roberto Santos 

Zona Cero

Se espera que con la detención de otro de los implicados en el caso Ayotzinapa-Iguala se obtengan datos que den pistas de la ubicación de los estudiantes desaparecidos en Iguala. 
Es probable que Erik Uriel, sea la persona que aporte mayores datos acerca de la ubicación de los estudiantes desaparecidos, para que finalice el peregrinar de los padres de los 43, y tengan información acerca de lo que pasó con sus hijos.
El gobernador, Héctor Astudillo, ha reconocido el trabajo del Gabinete de Seguridad Federal por la captura de Erik Uriel, integrante de los Guerreros Unidos, por su probable participación en la desaparición de los 43 estudiantes la noche del 26 de septiembre del 2014.
 “Esta es una señal inequívoca del compromiso que tiene el Gobierno de la República de conocer la verdad en torno a la tragedia de Iguala y satisfacer la legítima demanda de justicia de las víctimas y de la sociedad mexicana”, expresó el mandatario.
El tema de la seguridad sigue marcando la agenda en la sociedad de Guerrero, y la necesidad de redoblar esfuerzos ante el crecimiento de la delincuencia común en ciertas áreas la zona centro, como Chilpancingo.
En Chilpancingo los delitos mayores han crecido desproporcionadamente.
Los que más imperan son los asaltos a transeúntes, casas habitación y robo de vehículos, como una constante en esta zona. 
Como la policía no actúa, hecho que los delincuentes saben perfectamente, pueden trabajar con total impunidad. 
Ni la federal ni la estatal meten algún tipo de contención, aunque se vean las patrullas circulando por las calles e implementando retenes sin resultados.
El problema es que tampoco el 911 funciona, y en muchas ocasiones no contestan.
No existe plan alguno en la capital por parte de ninguna corporación y han dejado sola a la población, para que se defienda como pueda. 
Ahora asaltantes a pie roban los negocios en el centro y han incrementado el nivel de violencia por lo que han herido a un trabajador de una tienda de dulces.
Se requiere que las policías dejen de fingir que trabajan, que dejan de ser omisas y no responder cuando les piden ayuda ante una acción delictiva. 
El temor a la delincuencia organizada es mayor a su sentido de responsabilidad –si es que tienen– y a la Comisión de los Derechos Humanos y organizaciones afines, que viven de proteger y liberar a malhechores de las cárceles. 
La delincuencia no se frenará si los agentes policiacos siguen sin responder cuando se requieren y solo después de muchos minutos moverse al lugar de la demanda. 
Solo cuando saben que ya no se ponen en riesgo.
Urge meter en cintura a las bandas que están haciendo de las suyas en la capital. 
Y poner los retenes en la carretera de Petaquillas, sin que los comunitarios de ese lugar se impongan a la autoridad. 

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