Opinión


Por : Roberto Santos 

Zona Cero

Ahora resulta que las organizaciones de derechos humanos son la encarnación del bien y ellas deciden quien queda libre de pecados y de culpas.
Las anteojeras ideológicas les llevan malamente a exigir a las autoridades que liberen de manera inmediata a quienes estas organizaciones ya han eximido de culpas, queriendo pasar por el arco del triunfo todo el esquema judicial del estado.
En su dogmatismo, intencionalmente olvidan a quienes cayeron asesinados por los comunitarios de la CRAC, aliada a la Cecop. Para las organizaciones de derechos humanos esas personas no valen, ni el dolor de sus familias deben ser tomadas en cuenta.
El problema es que por ambos lados hay muertos, por lado de la comunitaria como por la parte de quienes se oponen a ellos.
Finalmente fueron once los caídos y alrededor de 30 los detenidos, integrantes de la CRAC y de la Cecop, incluido su líder, Marco Antonio Suástegui, quien ha liderado a esos pueblos en contra de la instalación de la presa la Parota.
De inmediato, sin pedir algún tipo de deslinde, algunas organizaciones de derechos humanos, grupos de estudiantes, maestros grillos como la CETEG y algunas yerbas más, piden que sus defendidos –a quienes ven como la encarnación de la madre Teresa de Calcuta– sean liberados.
Para ellos, Marco Antonio Suástegui y los policías comunitarios poseen esa idealizada aureola de revolucionarios que deben seguir en libertad para que puedan cumplir su misión histórica de transformar el país. 
Pero 47 pueblos de esa zona piensan diferente. Para estos, la comunitaria y la Cecop no son más que delincuentes que los han aterrorizado con las armas y la violencia, encabezados por su líder Suástegui.
Algunas de las demandas que existen en contra de Marco Antonio son por atentar en contra de algunas familias de empresarios de la zona, así como de tentativas de homicidio, y para añadirle una mancha más al tigre, sucedió el ataque de los comunitarios a la población durante la fiesta patronal, en la madrugada del 7 de enero, con resultado de 8 muertos.
Y eso es lo que pretenden ignorar las organizaciones defensoras de derechos humanos.
Pero estas acusaciones no valen para quienes incondicionalmente defienden a los comunitarios ni a los líderes de la Cecop. En su razonamiento, lo que de su boca no sale, no tiene ningún valor. 
Es decir, ni los ven ni los oyen. Y si los matan no importan. 
En esa dogmática concepción, lo que expresan las poblaciones de Cacahuatepec opositoras a la comunitaria y la Cecop, es falso y están compradas, manipuladas por el gobierno, y son considerados como seres infantiles que no tienen capacidad de raciocinio ni de consciencia para decidir por sí mismos. 
Para ellos es una fantasía que dos jóvenes menores de edad hayan muerto asesinados por sendos escopetazos por los comunitarios. 
Se trata de Alejandro Melchor Ángel y Alexis Estrada Ascencio, ambos menores de edad. 
Alejandro Melchor, de acuerdo a notas periodísticas, intentó defender a su padre, quien era golpeado por los policías comunitarios dentro de la comisaria en esa fatídica madrugada en la Concepción. 
Su intención fue frustrada por un escopetazo en el pecho. 
Su primo, Alexis Estrada, también quiso hacer lo mismo, pero de igual manera fue asesinado de un escopetazo por la misma comunitaria. 
La muerte de ambos jóvenes no existe o es pura fantasía, igual que los otros seis que cayeron en esa madrugada a manos de los comunitarios, que es señalada de no respetar derechos humanos ni tiene control legal alguno. 

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