Edicion : a domingo, 25 de junio de 2017 Edicion Archivada

Opinión


Por : Enrique Vargas Orozco 

Averígüelo Vargas

Representantes de la Iglesia católica en México atribuyeron el golpe a la población que representa el gasolinazo, a la falta de planeación en el manejo de la industria petrolera, pero sobre todo a la corrupción con que se ha manejado y no sólo por parte de los gobiernos federales y la administración de la paraestatal Pemex, sino a los malos liderazgos sindicales que hacen gala de la enorme riqueza que han saqueado de los recursos que son de todos los mexicanos.
Efectivamente, si en alguna actividad o rama energética se advertía la corrupción ha sido en la industria petrolera, donde los ejemplos de la enorme corrupción se han repetido desde los tiempos en que se dio el boom petrolero, allá por los años de 1976 a 1982, cuando el entonces presidente José López Portillo daba muestra de la mayor desfachatez y deshonestidad en el manejo de los recursos petroleros, cuando llamaba a la población de México a prepararse “para administrar la abundancia”, ya que el barril de petróleo alcanzaba precios de hasta 110 dólares por unidad, aunque esa abundancia nunca llegó al pueblo sino que se perdió en los intrincados pasillos del poder público.
Una situación de estancamiento y de mal aprovechamiento de los fondos petroleros se dio en los siguientes gobierno de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, pero volvió a repuntar en el año 2000, cuando el panista Vicente Fox llegó a la presidencia y fue seguido por Felipe Calderón, que administraron 12 años perdidos para el progreso y el mejoramiento de la economía popular, además de que el segundo desató su “guerra contra el narco”, que hasta ahora ha dejado más de 150 mil víctimas, por esa manera tan torpe de llevar el combate a la delincuencia organizada.
Fueron 12 años en los que se recabaron cientos de miles de millones dólares que sólo sirvieron para aumentar y privilegiar al trato a la alta burocracia, porque no se hicieron inversiones importantes, al grado de que ni siquiera instalaron o pusieron en funcionamiento alguna o varias refinerías, que eran el camino a seguir para hacer más productiva la industria petrolera y no continuar con la dependencia de los combustibles importados, como ocurre hasta ahora, a los que culpan de ser los generadores del encarecimiento a los derivados del petróleo.
Paralelamente se alentó el desarrollo de una clase sindical basada en la corrupción, desde los tiempos de Joaquín Hernández “La Quina”, que había construido un grupo basado en la corrupción y el enriquecimiento de los líderes, situación que se mantiene hasta ahora con su mayor representante Carlos Romero de Champs, protegido por el sistema a través de mantenerlo como diputado federal y senador, ininterrumpidamente, para que lo proteja el fuero legislativo constitucional.
Por eso, la jerarquía religiosa, que muchas veces ha callado y convalidado los excesos oficiales, ahora recuerda que “No sólo fue la alta burocracia, sino que al amparo del petróleo creció el poder de sindicatos, con prebendas increíbles, creando líderes intocables y millonarios. Esa riqueza fue dilapidada, desapareció y ahora millones de contribuyentes son sacrificados  para reponer con impuestos lo que se perdió debido a la corrupción e irresponsabilidad”.
Antes de finalizar el año pasado se difundieron informaciones de los grandes beneficios que se auto asignaron los diputados y senadores, con compensaciones, bonos y aguinaldos millonarios, como también los ministros de la SCJN y otros funcionarios y autoridades, mientras que a la población más castigada sólo le dejaron la pobreza, la marginación, los altos precios y ahora el “gasolinazo”.
Fue una exhibición cínica y deshonesta de abusos, de disposición arbitraria de los recursos públicos, ante una sociedad mayoritariamente pobre, con enormes limitaciones en los aspectos más sensibles de la vida, como la alimentación, el vestido, el gasto excesivo en transporte y la falta de satisfactores menores que hacen más amable la existencia, pero que para más de la mitad de los mexicanos no existen, porque sólo tienen privaciones, deseos y necesidades nunca cubiertos, hambre y una miseria inhumana, con todos los agravantes.
Por eso las protestas, que también explican parcialmente los saqueos, porque en muchos casos es casi la única forma de allegarse algunos satisfactores tecnológicos, que alcanzan costos prohibitivos para mucha gente.
Claro, hay mucho de manipulación y de abusos de quienes aprovechan la impunidad para vandalizar comercios e instalaciones comerciales diversas.
Por eso, en buena medida, los jararcas religiosos tienen razón cuando atribuyen a la corrupción y deshonestidad gubernamental y sindical, que la inconformidad se haya desatado de esa manera, sobre todo en gente “que ni siquiera tiene un automóvil”, pero que no pueden soportar más ser los eternos sacrificados, los que quedan al margen de la economía de mercado y que sólo reciben empleos mal pagados y compensaciones tan bajas que de poco les sirven para paliar su condición de pobreza y limitaciones permanentes.
Hay que tomar enseñanzas de la situación actual, aunque es poco probable que la cúpula del poder político y económico alcancen la sensibilidad suficiente y necesaria para entender el peligroso territorio en el que están avanzando, que puede agravarse aún más con la política xenófova, discriminatoria y racista del nuevo presidente de Estados Unidos, que podría deportar a millones de mexicanos indocumentados que vendrían a aumentar los grupos de gente marginada y empobrecida, de los que ahora abundan en México.
Hay que ver que el insensible gasolinazo no sólo afecta a los ricos, a los poseedores de vehículos 4x4, a los motores de 8 cilindros, a los autos de superlujo, sino a la población que ya empieza a padecer el encarecimieno de la tortilla, del pollo, del huevo y de todos los productos de la canasta básica que requieren de combustibles para ser trasladados de los centros de producción a los de consumo, además que deben pagar más por los transportes urbanos que se han brincado las autorizaciones oficiales para aumentar las tarfas de esos transportes, lo que hacen arbitrariamente y en exceso, porque nadie les dice nada ni hacen lo necesario para imponer el control correspondiente.
Vive México una situación de crisis, que requiere de la adopción de medidas correctivas suficientemente amplias y dirigidas a las cuestiones más sensible para la población nacional,  la más necesitada, la marginada, la que está ya en condiciones de pobreza y de  miseria y de los que están por caer en esos lastimados estratos sociales.  No debe descuidarse ni menospreciarse la situación actual, que requiere de correctivos reales y con la orientación social que permita empezar a rescatar a muchos mexicanos de su situación de desesperanza a la que han sido llevados por las políticas insensibles que sólo piensan en los números de una macroeconomía, que tampoco está en las mejores condiciones, y se olvidan del factor humano, que es el que puede hacer que reviente la burbuja actual en la que se encuentran muchos gobiernos y gobernantes que piensan que no pasará nada.
evargasoro@hotmail.com   evargasoro@yahoo.com.mx

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